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HABLEMOS DE AMIGOS
Estoy cercado de ojos,
manos, afectos, reclamos.
Más, si procuro comunicarme,
lo que hay es apenas la noche
y una espantosa soledad.
Carlos Drummond de Andrade.
Lo dice un enorme poeta del que han transcurrido apenas cien años
de su nacimiento. Cierto es que la soledad es un fenómeno social y
psicológico que atrapa al hombre de nuestro tiempo y amenaza
precipitarlo en sus abismos interiores.
Navegamos estremecidos y tocamos las superficies del mundo.
Presenciamos cómo una sorpresa derriba a la otra, en un
espectáculo sin fin, de desgarros y angustias. Sin embargo, hemos
de dar la batalla, reconciliándonos con nosotros mismos, sin
renunciar, sin sucumbir, abriendo senderos como El Quijote.
Percibimos, como Drummond de Andrade, que junto a nosotros están
las “manos, efectos y reclamos”.
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Hace escasos
días, una querida amiga montevideana, me remitió una poesía de
un personaje entrañable de la música brasileña que, desde los
años 60 visitó, muchísimas veces, Uruguay. Vinicius de Moraes
dejó una estela de versos latiendo en nosotros.
Son parte de esa
sustancia intangible que hermana a la gente, que entrelaza
personas y pueblos. |
Que nos estrecha en la afectividad. Estas construcciones de la
cultura humanística nos hacen sentir fuertes y amigos invencibles.
Por consecuencia, me permito reenviarla a los lectores regionales.
Se busca un amigo
No es necesario que sea hombre,
basta que sea humano,
basta que tenga sentimientos,
basta que tenga corazón.
Se necesita que sepa hablar y callar,
sobre todo que sepa escuchar.
Tiene que gustar de la poesía,
de la madrugada,
de los pájaros, del Sol, de la Luna,
del canto, de los vientos
y de las canciones de la brisa.
Debe tener amor,
un gran amor por alguien,
o sentir entonces,
la falta de no tener ese amor.
Debe amar al prójimo
y respetar el dolor que los
peregrinos llevan consigo.
Debe guardar el secreto sin sacrificio.
No es necesario que sea de primera mano,
ni es imprescindible que
sea de segunda mano.
Puede haber sido engañado,
pues todos los amigos son engañados.
No es necesario que sea puro,
ni que sea totalmente impuro,
pero no debe ser vulgar.
Debe tener un ideal, y miedo de perderlo,
y en caso de no ser así,
debe sentir el gran vacío que esto deja.
Tiene que tener resonancias humanas,
su principal objetivo debe ser el del amigo.
Debe sentir pena por las personas tristes
y comprender el inmenso vacío de los solitarios.
Debe gustar de los niños y sentir
lástima por los que no pudieron nacer.
Se busca un amigo para gustar de los mismos gustos,
que se conmueva cuando es tratado de amigo.
Que sepa conversar de cosas simples,
de lloviznas y de grandes lluvias
y de los recuerdos de la infancia.
Se precisa un amigo para no enloquecer, para contar
lo que se vio de bello y de triste durante el día,
de los anhelos y de las realizaciones,
de los sueños y de la realidad.
Debe gustar de las calles desiertas,
de los charcos de agua y los caminos mojados,
del borde de la calle,
del bosque después de la lluvia,
de acostarse en el pasto.
Se precisa un amigo que diga que vale la pena vivir,
no porque la vida es bella,
sino porque se tiene un amigo.
Se necesita un amigo para dejar de llorar.
Para no vivir de cara al pasado,
en busca de memorias perdidas.
Que nos palmee los hombros,
sonriendo o llorando,
pero que nos llame amigo,
para tener la conciencia de que aún se vive.
VINICIUS DE MORÃES
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