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Más sobre las sociedades
secretas
DESDE LAS VIEJAS RELIGIONES
HASTA HOY
La
modalidad del secreto fue usada por las viejas religiones como un
factor inherente al poder que ejercían en sus sociedades.
En los
oráculos el dios consultado respondía por la interpósita persona
de una sacerdotisa, quien interpretaba, por ejemplo, las señales
dadas por una cadena golpeándose al viento contra un objeto
metálico próximo.
Estas
artes adivinatorias -poco diferenciadas de algunas hasta hoy
practicadas- mantenían al clero en sitiales de poder
incontrastables.
Los
valores del secreto y del silencio fueron manejados con maestría,
como factores de dominio. Sumerios, babilonios, chinos, libios,
egipcios, griegos, romanos y otros, acudieron a tales
instrumentos.
En
tiempos más próximos, las luchas dinásticas en China y las
rebeliones se incubaron en hermandades secretas, como las de Loto
Blanco o de La Pequeña Espada, para citar apenas dos casos.
Importa a
nuestra situación conocer que en la Edad Media europea los gremios
mercantiles acudían al secreto como forma de proteger sus
intereses y que, en sus inicios, fueron los albañiles los que
adoptaron la forma de agrupación masónica.
Por esto
mismo, si se observan las fachadas de templos de sus cofradías,
podrán distinguirse el triángulo (escuadra) y el compás en los
frontispicios, elementos correspondientes del oficio, para un
mundo que tiene un dios, nombrado como arquitecto supremo del
universo.
De suyo,
surge el carácter deísta y monoteísta de la masonería, por lo que
en su seno no caben agnósticos, ni ateos. Ni los que dudan o no
manejan certeza, ni los que no sostienen tales creencias.
Con la
aparición y ascenso de la clase burguesa -asociada a la caída del
sistema feudal y por reflejo del maquinismo y la
industrialización- la imagen primera de estas sociedades cambió. A
su seno ingresaron hombres ricos y de respetabilidad social. Así,
el mecenazgo de nobles ingleses influyó en la transformación.
Fuera de que el ingreso a la misma significaba la posibilidad de
afirmar el “status” personal, formar parte del grupo implicó
compromisos con conceptos como los de igualdad de las personas,
tolerancia hacia las diversas religiones, prácticas
asistencialistas internas y una solidaridad ideal con el destino
del hombre.
A partir
de las unificaciones de las logias en ramas, la masonería adquiere
-desde Inglaterra- difusión internacional. En 1801, en Carolina
del Sur (EE.UU.), fue dado el Rito Escocés, que jerarquiza a los
afiliados en un vértice: el grado 33.
Puede
tenerse presente que el filósofo Pitágoras(582-500, antes de la
era actual), notable especulador con el triángulo (3 ángulos y 3
lados), desarrolló en la Crotona siciliana una religión que
valoraba el silencio y el ascetismo. Conocido es que el número 3
es emblemático para la organización. 3 puntitos, junto a la firma,
indicaron por mucho tiempo -y, en algunos, hasta ahora- una señal
de estar ante alguien de la hermandad.
Un
apretón de manos, con el dedo índice extendido, es muestra de una
presentación masónica. Algunos todavía acuden a tal manifestación.
El
problema es que los masones -que tienen sus modas y usos, como
cualquier mortal-, periódicamente los modifican. Surge la duda
-también en quienes lo reciben y no están en la logia- si están
encontrándose ante una señal falsa o cierta de un hermano…!
Es lo pintoresco del asunto. Más no lo
que pueda importar. Y lo veremos. |