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SARAMAGO DESAFÍA A LA MUERTE
Porto Alegre, 31 de octubre de 2005. Por Walter Ernesto Celina.
DEL
JUEGO LITERARIO A LA FILOSOFÍA
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Aventuro una presunción imposible. Si Walt Whitman o Federico
García Lorca hubieran estado la semana pasada en São Paulo,
hubieran celebrado alborozados la magistral provocación de
José Saramago de jugar y reirse de la muerte.
En términos reales ocurrió el lanzamiento mundial de “Las
intermitencias de la muerte”. La novela estará
disponible en su país, Portugal, desde este jueves y, a partir
del 11 de noviembre, en las librerías europeas. |
El lanzamiento está cubriendo, en principio, los idiomas
portugués, español, catalán e italiano.
Las reflexiones sobre la muerte abarcan incontables páginas de la
literatura universal y están dotadas de los más diversos tonos.
Pero lo de Saramago es otra cosa. Seguramente recordó las
ceremonias y ritos secretos que poblaron los cultos religiosos de
Grecia o Roma antiguas, conocidos sólo por “los iniciados”.
Referían al nacimiento, como a los dolores, muerte y resurrección
de uno o más dioses, concordando con los estadios trimestrales de
la naturaleza. Habrán desfilado por su memoria los versos de
Homero en “La Ilíada”, escritos IX siglos antes de nuestra era, en
que Patroclo muere a manos de Héctor o la muerte de Aquiles,
descrita después por Rubens, en aquella tela impresionante en que
Paris aparece lanzando la flecha que le alcanzará en el punto
vulnerable del pie, para invalidar su inmortalidad.
Quizás, por más cercanos, habrán cruzado por su pensamiento los
bellos versos medioevales de Jorge Manrique a la muerte de su
padre: “Recuerde el alma dormida,/ avive el seso y despierte/
contemplando/ cómo se pasa la vida,/ cómo se viene la muerte/ tan
callando…” o, tal vez, la descripción bíblica de la muerte de
Abel por Caín.
Sin embargo, muy cierto resultaría que Saramago, para tutearse y
desacreditar a la muerte, haya preferido sentarse en el camino con
el norteamericano Walt Whitman para escuchar de su voz su poesía
vital, diciendo: “Me celebro y me canto,/ y lo que es mío debe
ser vuestro,/ pues cada átomo me pertenece tanto como os pertenece
a vosotros.”
O dialogar con García Lorca, que supo manejar su vena lírica
impregnándola con símbolos y delinear personajes como la muerte,
con un fin: hacer aflorar la intensidad de la vida.
Para reir de la muerte hay que despojarse de preconceptos, dar
rienda a la conexión de los sentidos con la racionalidad, no tener
miedo de los miedos y, como en su Oda a la Vida, apreciar
con Pablo Neruda que “La vida nos espera/ a todos/ los que
amamos/ el salvaje/ olor a mar y menta/ que tiene entre sus senos.”
Es lo que en este siglo XXI propone, en definitiva, el eximio
novelista lusitano.
HABLA EL ESCRITOR
*Sobre cómo concibió la idea de un libro sobre la muerte:
-Estaba releyendo Los cuadernos de Malte Laurids Brigge,
de Rainer María Rilke. Habla mucho de la muerte. Son páginas
realmente extraordinarias. De repente surgió esto. Una situación
en que la muerte no matara. ¿Qué sucedería? Esta pregunta,
además, siempre está presente en mis novelas. Y en este caso fue
simplemente ¿y si la muerte dejara de matar?
*Sobre las diferencias con las muertes en Proust o en Bergman:
-Es diferente, claro. Diferente de la visión que se tenía de la
muerte en la Edad Media, en que se vivía dentro de los
cementerios, como en Francia. Parece un absurdo pero aconteció. Lo
contrario es la preocupación que tenemos hoy, de hacer de cuenta
que la muerte no existe. Tacharla, quitarla del paisaje. Es lo que
hacemos. Los cortejos ya no atraviesan las ciudades. Los carruajes
fúnebres arrastrados por caballos no existen más. Veo esa
preocupación por la muerte a lo largo del tiempo. Mi contribución
en esta materia es mirar con cierta ironía. Estoy tentado de
reírme de mi mismo, como ser mortal conciente que estoy jugando
con la pobre, que un día de estos me agarra.
*Sobre si tuvo a alguien en mente cuando imaginó la figura de la
muerte:
-No, no tuve. Quiero decir… la hice mujer porque la muerte no es
masculino. Me agradó la idea que, por lo menos en mi país y de
este otro lado, digamos latino, la muerte es “una”. Y así, para
mi, la muerte es femenina…
*Sobre si observa algún candidato brasileño para Premio Nobel de
Literatura:
- Veo, más no lo voy a decir. Con certeza haríamos un dueto. Un
doble para la lengua portuguesa.
*Sobre cómo observó el referendo sobre venta de armas y la
situación brasileña:
-…Vivimos en un estado de inseguridad total. Es natural que las
personas piensen que si tienen un arma, ello les conferiría más
seguridad. Aunque creo que es una falsa seguridad…
-La elección de Lula fue una luz que atravesó el mundo. Tras todo
ese fuego de paja aquello a lo que asistimos justificó que hiciera
alguna crítica en Porto Alegre.
-…Ahora, después de lo que aconteció con el PT (Partido de los
Trabajadores), en cuanto a las “mensualidades” y esas cosas, ya no
hay inmovilismo sino parálisis.
(Fuente “Folha Ilustrada” - Marcos Strecker
Traducción del portugués y resumen por WEC)
FRAGMENTOS DE LA OBRA
I
“Lamento comunicarle que su vida terminará en un plazo irrevocable
e improrrogable de una semana. Le deseo aproveche lo mejor que
pueda del tiempo que le resta. Su atenta servidora, La muerte.”
Esa es la carta que los ciudadanos de un país ficticio recibieron
después que la muerte entrara y saliera de una huelga inédita –y
antes de tener su rutina definitivamente perturbada por un
violoncelista que gusta de la “Suite Nº 6 para violoncelo” de
Bach, opus 1.012, en re mayor.
II
Mal informados sobre la naturaleza profunda de la muerte, cuyo
otro nombre es fatalidad, los diarios se han excedido en furiosos
ataques contra ella, acusándola de impiadosa, cruel, tirana,
malvada, sanguinaria, vampira, emperatriz del mal, drácula de
pollera, enemiga del género humano, desleal, asesina, traidora,
otra vez “serial killer” y, hubo hasta un semanario, de los
humorísticos, que (…) hasta la llamó hija de p…
(Pasajes de “Las intermitencias de la muerte” de José
Saramago.
Traducción del portugués por WEC)
LA CIENCIA DICE LO SUYO
En 1998 fue descifrado código genético del pequeño gusano
nematodo. Nacen con 1.090 células de las que exactamente 131
mueren en la apoptosis, esto es, la “muerte celular programada”.
Se trata de un mecanismo adoptado por los organismos
pluricelulares en virtud del cual se cumple el desarrollo, así
como el mantenimiento y reparación de los tejidos.
La simplicidad del organismo estudiado permitió conocer las
mutaciones de las células e identificar tres genes principales,
reguladores de la muerte celular del gusanillo.
Se han clasificado 12.000 tipos de esta especie. Dos de sus genes
se presentan en el hombre. El Premio Nobel, en Fisiología y
Medicina de 2002, fue atribuido a científicos que exploraron
capítulos relativos a la intimidad de la vida, esclareciendo
circunstancias que favorecen el advenimiento de la muerte
(inmunodeficiencia adquirida, tejido nervioso, etc.).
La seriedad de los estudios científicos no es excluyente del buen
humor, ni de la literatura que muestra las luces del pensamiento
del hombre. |