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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

RUBEN VAL,

UNO DE LOS PRÍNCIPES DEL TANGO

 (PRIMERA DE DOS NOTAS)  

 

El 10 de julio de 1935, fecha de nacimiento en Montevideo de Ruben José Revello Coitinho, un sentimiento hondo de pesar laceraba el alma rioplatense y latinoamericana, tras la trágica partida de Gardel, Le Pera, y de los músicos y amigos que les acompañaban en Medellín.

   Desde las noches del “Moulin Rouge” o del “Royal Pigalle”, cuando Gerardo Matos Rodríguez creara “La cumparsita”, Pascual Contursi ensayara “Mi noche triste” y Gardel-Razzano debutaran a platea llena, habían pasado veinte años apenas. El tango se diversificaba y estallaba en una constelación de voces, compositores y maestros de la ejecución, verdaderamente formidables.

   La ciudad de los patios con malvones también se transformaba y extendía y, al cambiar su fisonomía como un muchacho que estrena sus pantalones largos, descubría nuevos espacios para los artistas populares.

   Desde el Puerto, por Bartolomé Mitre, Juan Carlos Gómez o Ituzaingó, cruzando Sarandí y Buenos Aires hacia Reconquista, un susurro de palabras y músicas iluminaban la noche en una Ciudad Vieja cosmopolita.

    Las Radios Nacional, América, Carve, y tantísimas otras, presentaban cantantes acompañados por guitarras y orquestas, ratificando en apiñadas fonoplateas, los éxitos alcanzados en  grandes teatros y salones. En tanto, los discos de pasta -con una versión por lado-, inundaban los sitios para reuniones, los  bailes de barrio y los bares, que oficiaron como entidades de recreo, poblados de trabajadores que misturaban idiomas y dialectos europeos. Alternaban en ruedas de naipes, billares y copetines, en que no faltaron talladores experimentados, burreros, presencias femeninas y, naturalmente, músicos de todo calibre y vocalistas incipientes.  

   Ruben Revello Coitinho percibió en la exteriorización de la magia popular, desde muy temprano, que lo suyo podía estar en el escenario fraterno del tango.

   Su padre aspiraba a convertirlo en un profesional pero, tras la culminación del ciclo liceal,  debió resignarse a que el joven se iniciara en la carrera bancaria, ingresando como cadete al Banco República.

   Fue, de seguro, en el camino de ida y vuelta a su empleo cuando quedó alucinado con el “Colmao de Sevilla”, una casa bailes con un amplio rectángulo central, palcos y un gran tablado para recibir orquestas, cantantes y grupos revisteriles. Se ubicaba sobre Juan Carlos Gómez, entre 25 de Mayo y Rincón, a media cuadra de la coqueta Plaza Matriz. En el decurso de los 50 este centro nocturno hizo suceso.

   -Mis primeras escapadas fueron para ese lugar. Como era alto aparentaba  tener los 18 años y me permitían observar las actuaciones de las orquestas y vocalistas. Pero no gastaba nada. Conocí a muchos músicos. Con ellos conversaba en los intervalos y a veces los acompañaba al café, donde comían sándwiches, pedían “capuchinos” (café con leche en vaso alto) o algún refrigerio.

   Me lo manifestó con nostalgia, explicándome su vocación por el canto cuando no hace mucho llegó a pasar las vacaciones de verano a Barra do Chuí (RS).

   Él había entendido, por sí, bien de muchacho, que el ingreso a las artes escénicas pasaba por instancias de formación, más allá del deseo de actuar y de  eventuales posibilidades vocales.

   Razones poderosas estas para que, desde el 55 al 59, cumpliera estudios de vocalización, respiración y colocación de la voz con el Prof. Juan Oxilia, maestro del SODRE; para que realizara solfeo cantado con la Profa. Beatriz Solá, del Conservatorio “Schumann”, así como aprendizaje de Arte Escénico y Dramático, de la mano de la fundadora de la Comedia Nacional de Montevideo, la inolvidable actriz y profesora Margarita Xirgú, española republicana amiga de Federico García Lorca.

   -Fue en el “Colmao de Sevilla”, en noches  en que algún cantante faltara, que fui haciendo  mis debuts. Sólo me interesaba interpretar por el gusto de hacerlo.

   Así fue desde el principio. Así fue  hasta la culminación de su brillante carrera.

   En una noche de febrero de 2003, en el tradicional mojón de la amistad brasileño-uruguaya que es el “Restaurant Walter’s”, en Barra do Chuí, nos reunimos con su hermana Haydée, su esposa, la Dra. Helene Dornelles Panyagua, con la mía, Helena Caorsi, acompañándonos  el anfitrión Sr. Walter Píres. Los temas no faltaban y ninguno de nosotros le hubiera pedido que se levantara para brindar una canción.

   Partió de él hacerlo y, al cumplimentar al Sr. Píres, extendió su gentileza para los comensales turistas. Cantó por largo rato con la clase de un hombre que llegaba a los 68 años, con voz plena y cálida. A eso se podía  arribar por formación y vida metódica.

   Era el cantor de tangos de Uruguay que por 30 años había adoptado la ciudadanía “gaúcha”, sin desmerecer la suya.

   Con justicia, lo que le hizo decir al abogado portoalegrense Nério Letti:

-Si no hubiera sido por Ruben Val (nombre artístico), el tango aquí hubiera muerto.

   Cuando el tango se ata a las marquesinas de Porto Alegre, en el neón de las grandes noches estelares, el nombre del uruguayo Ruben José Revello Coitinho viene en los vuelos de la memoria. Fue uno de los príncipes del tango, en la acepción inicial del calificativo: la que lo ubica entre los primeros y excelentes cantantes de una época que no declina.

tangocultura@hotmail.com

Walter Celina - Junio de 2005  waltercelina@hotmail.com


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