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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

MONDO CANE

   No por antigua y sabida deja de ser cierta la afirmación de “perro que ladra no muerde”.

   El asunto se torna tranquilizador mientras el animal está empeñado en hacer lo primero.

   Innegable también es que algunos canes se profesionalizan en el hábito de ladrar y lo hacen a toda hora; en presencia y en ausencia de sus dueños, personas que, por lo general, ya han perdido el reparador hábito del sueño, o están dotadas de una especial resistencia auditiva o que, irremisiblemente, padecen de una sordera cruel.

   Desde que la seguridad pública cayera en desuso, muchísimos son los individuos que se preparan para una competición salvaje. Trancas, cadenas, candados, blindajes, alarmas, rejas, barrotes, armas blancas y de fuego y, además, perros, muchos perros, como quien pide una abundante  guarnición de papas fritas para acompañar una hamburguesa.

   No es que todos los perros sean eficientes para subrogar a los guardias del orden público. Algunos son tan inservibles como el peludito y feucho de la conductora de  televisión de  Argentina, Doña Susana Jiménez. Otros, son  patones y corpulentos, incómodos de tener y llevar, costosos y parecidos a un vehículo cuatro por cuatro, depredadores integrales y émulos del mítico caballo de Atila. De verlos, espantan.

   A tal punto llegó la exageración de querer sustituir a agentes del orden por cánidos, que éstos están envileciendo las ciudades. Casos hay en que han despedazado niños y atacado a ancianos hasta matarlos.

   Para frenar la progresión del fenómeno y otras concomitancias sanitarias, han surgido demandas y,  en variadas latitudes, se encaminan medidas y proposiciones salvadoras.

   Ya está pautado. Algunas razas caninas quedarán fuera de la ley.

   En Río de Janeiro se promulgó un cuerpo de disposiciones  orientadas a restringir la proliferación de perros pitbull. Los animales homicidas deberán pasar ahora, como cualquier delincuente común, por un registro. E, inmediatamente, por una clínica de esterilización.

   Digamos que esta segunda fase se adelanta a iniciativas de criminalistas, que en una nueva formulación de la bárbara Ley del Talión preconizan, por ejemplo, la amputación de los genitales de los violadores y variadas penalizaciones de este tipo para los humanos inmisericordes. Como queda dicho, la contrainseminación, de momento, va exclusivamente contra los temibles mastines. Consecuentemente, además, se ha prohibido su procreación -privada o pública-, así como  la importación o venta.

   Estos guardianes del terror van a la extinción, bajo la clamorosa consigna “no más mordidas, que los humanos no son embutidos gratuitos, ni los lugares habitables sucursales de “macdonald”. Así, quedarán proscriptos los ladridos anunciadores de un ataque fulminante a cualquier impávido transeúnte.

   En la bella ciudad en que reina Copacabana, también habrá un toque de queda, inverso al militar. Para canes, por supuesto.

   Las especies de los detestables pitbulls, rotweillers, dobermans, incluído el fila brasilero, de potente sistema mandíbular, únicamente podrán circular por las calles entre las 22:00 y 05:00 horas, lejos de parques, plazas o playas. Para que el mandato sea cumplido al pie de la letra, deberán llevar collar con cadena de tiro, bozal e ir conducidos  por persona mayor de 18 años, con constancia de registro en mano.

   Cualquier sujeto que observe el no cumplimiento de estas condiciones en un animal en movimiento, podrá contentar su conciencia apelando a los guardias públicos.

   En qué condiciones puedan apoyar al denunciante, dependerá de la instrumentación, que no será cosa fácil, lo que ya se sabe.

   Si Río tiene sus encantos, Montevideo no queda atrás. El saliente Intendente se las estuvo viendo con una ordenanza que establecía cómo deberían recogerse los deshechos orgánicos de los perros cuyos encargados los pasean en calles y otros espacios públicos.

   En tanto, en la fina y vanidosa Viena, Manfred Juracka, del PP (Partido Popular y conservador), ha propuesto tomar muestras de ADN a la totalidad de la familia que, en latín, se apodaba de los “canis”. Ello, con la muy loable finalidad de multar a los dueños de las bestias cuyos excrementos no sean recolectados en el momento de la deposición.

   El asunto de fondo podría resumirse así. Que no perturben la tranquilidad de los vecindarios con los ladridos, que no sean transmisores de enfermedades y que tampoco se entretengan con bocados humanos.

   La pregunta de orden pasará a ser: ¿Y después de todo, qué hacemos con la seguridad pública?

   Para amenizar, convengamos con algún filósofo popular que estos problemillas son algo así como “cosas del mundo de los perros, en nuestro perro mundo”.

Walter Celina - Julio de 2005  waltercelina@hotmail.com


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