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UN
INVENTOR ESPERA PATROCINANTE
EL
MATAFUEGO FORESTAL
El hombre estaba junto a un carro tirado por un caballo manso,
pala en mano. Al verme me dijo:
-Perdone. ¿Ud. es el Sr. Celina?
-Sí señor. El que viste y calza.
Se encaminó hacia mi buscando las hojillas y el tabaco para
armar y se presentó extendiendo la mano.
-Mi nombre es Daniel Caraballo. Si lo puedo ayudar en la
institución que preside, cuente conmigo. Soy zapateador.
Desde Rosario (Colonia) había buscado las luces de Montevideo
con ansias de proyectarse en el género folclórico que cultivaba.
Marcó con la destreza de sus pies las tablas de muchos escenarios
y recogió aplausos en la otrora famosa platea de Radio Carve, en
la calle Tacuarembó de la capital.
Un día enfiló para la frontera atlántica. Se hizo hombre de
muchos oficios. Pero no dejó sus amadas pilchas criollas, ni su
poder de escudriñar la naturaleza y el comportamiento de los
cuatro elementos fundamentales.
Pensó que era posible domeñar el fuego devastador de bosques
naturales y campos forestados.
-Tengo un invento, me confesó en otra ocasión, con
humildad. Y me dio en reserva explicaciones de cómo abordar la
calamidad, cada vez más frecuente.
Siente Daniel Caraballo que su sueño tiene actualidad y que
posee una solución que evitaría perjuicios cuantiosos y salvaría
muchas vidas. Advierte que sus ideas requieren de apoyos que no le
han llegado, pero no es escéptico.
Le formulé un comentario que le produjo algo parecido a una
satisfacción muy propia..
Hace unos meses, encontrándome en Mercedes, el Sub Secretario
de Industria, Minas y Energía acogió con interés una exposición
que le formulara en Fray Bentos el Sr. Carlos Borges. Este
inventor, en su taller del barrio Mato Grosso, desarrolló un motor
simplificado, en que el movimiento alternativo se transforma en
giratorio, con apreciable ganancia de rendimiento.
Esbozó su rostro una sonrisa leve, entre asombrada y alegre.
Seguramente percibió el éxito de su colega litoraleño. Me hizo
preguntas y me recordó lo suyo. Él desearía que, con alguna
seguridad en cuanto a la preservación de la autoría, su proyecto
fuera examinado en un laboratorio de ensayos.
Si la posibilidad no se plasmara en Uruguay, se orientará hacia
alguna Universidad o empresa de Brasil.
Ahora, más aún, en que tuvo oportunidad de enterarse que el
académico Rodolfo Perdomo, de la Universidad Federal de Paraná
(Curitiba), ha evaluado el invento del mecánico fraybentino.
Más que por un milagro, será por una o más acciones concretas
que pueda valorarse el proyecto de Daniel Caraballo.
-¿Qué le parece si comunicamos públicamente que Ud. ha
desarrollado un concepto original para evitar que los bosques sean
consumidos por las llamas y procuramos que los eventuales
interesados lo contacten?
Contesta:
Sería muy bueno. No quisiera dejar morir mi hallazgo, ni que
tampoco me lo birlaran, que es el problema de las patentes de
invención. Bienvenidos quienes estén dispuestos a explorar mi
proyecto. El beneficio podría resultar general y, además,
recíproco para las partes.
Así las cosas, estoy retribuyendo aquella generosa propuesta
del zapateador, con ésta. A través de mi correo electrónico
recibiré las comunicaciones que los interesados quieran cursar a
este inventor. Me comprometo a hacérselas llegar para que las
conozca.
La cooperación y la solidaridad son formidables herramientas
individuales y colectivas. Y está al alcance de todas las manos
poder utilizarlas. Por supuesto, los medios de comunicación pueden
resultar de gran idoneidad, como en este caso. |