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LOS MASONES TAMBIÉN EXISTEN
Hablar de la masonería supone ingresar a un territorio cerrado, de
acceso muy exclusivo. Al menos, por la forma que esta institución
dogmática se ha dado en el Uruguay. Los locales permanecen por lo
regular con sus puertas cerradas. Sus miembros llegan a las
reuniones al anochecer, ingresando a la comunidad de modo sobrio.
En el interior de estos templos existe una ritualidad, a la que se
someten sus miembros. Sus fórmulas no son uniformes. Cambian de un
país a otro, en consonancia con los enclaves territoriales a que
obedecen.
Existen, no obstante, algunos elementos que se repiten. Aluden a
la más antigua caracterización identificatoria del grupo. Los
masones del medioevo no eran otros que componentes del gremio de
los albañiles. Y de ellos heredan los atributos distintivos del
compás y la escuadra, al que se agrega el número 3, representado
de manera diversa.
El masón es deísta, no ateo como muchas personas confunden. Rinden
culto a un supremo arquitecto del universo, al que las dos
herramientas clásicas citadas simbolizan, capturándolas de la
antiquísima memoria de los oficios de la construcción y sus
afines.
Además de los elementos simbólicos, los masones utilizan
contraseñas y gestos, los que van en correspondencia con el voto
de silencio característico de toda orden secreta.
Tres puntos, adosados a la firma habitual, fueron comunes -hasta
no hace muchos años- para denotar pertenencia a la entidad
religiosa autobenefactora.
Del mismo modo, existe en el saludo de mano una forma de
pulsación, con que un masón puede pesquisar a un eventual cofrade.
Desde luego, la extensión que estas señales fueron ganando en el
conocimiento público, han ido llevando a que los masones las
eviten. No obstante, ellas se dan y no con poca frecuencia. Baste
mirar documentos oficiales de los que circulan por la
administración y en los intercambios de saludos, en celebraciones
de distinto tipo.
El cultivo de la filantropía grupal, a favor de sus miembros, y de
familiares en caso de muerte del asociado, mostró la tipicidad de
la actividad masónica. Por extensión, en tiempos actuales,
algunos de sus socios han participado en otros grupos de
beneficencia, del tipo Rotary o Lyons.
Si se aprecia cómo fue el comportamiento masónico en Inglaterra
-un centro privilegiado de difusión del agrupamiento- puede
advertirse que durante la denominada Reforma estratos de ricos y
personas acomodadas fueron afiliándose, a la vez que se adoptaban
algunos postulados de corte humanista a favor de la paz, la
igualdad, la fraternidad, acusando la influencia de la corriente
iluminista, es decir, de las ideas impulsoras de la Revolución
Francesa. También, como es lógico, el grupo propendía a la
maduración y defensa de los negocios de sus hombres. La sociedad
cambiaba y el mercantilismo precisaba abrir mercados para sus
nuevos productos, a más de recoger lo que provenía del ancho mundo
colonial.
El 24 de junio de 1717 marca el inicio de la unificación de las
logias masónicas de Londres y Westminster y el camino hacia el
inmediato surgimiento de una gran Logia Madre. Los postulados
políticos liberales del siglo XVIII enderezaban contra todo lo
heredado del “ancien régime” (viejo régimen). Nuevos instrumentos
precisaba la clase emergente y el capitalismo en pañales.
La Iglesia Católica no miró sino de soslayo a la nueva
colectividad -nacida fuera de sus entrañas-, la que con
un sentido religioso afín a su monoteísmo, podía extenderse en una
disputa perjudicial a su prédica y poder. Para acentuar la
disparidad del enfoque, aquellos masones estimaban que la religión
era un asunto del individuo consigo mismo, que no precisaba de
otros alardes.
Si bien hoy la Iglesia Católica ha abierto sus relaciones con
otras religiones, hay que indicar que durante la II Guerra
Mundial volvieron a darse asperezas entre católicos y masones.
Derivaciones de tales desencuentros pude observarlas, casi
directamente. Traté a protagonistas de sucesos y personalidades
muy entrañables de ese tiempo. Alguno por familiar. Otros, porque
me concedieron su amistad. No por masón ni por católico, sino por
ateo. Me referiré a esto. |