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LOS
ÁRBOLES Y EL BOSQUE
No hace mucho tiempo mantuve una amable plática con uno de los
jerarcas principales de la administración vitoriense en torno a la
cuestión del turismo. Al culminar el cambio de impresiones, recibí
un folleto de magnífica presentación, de ocho páginas en cartulina
brillante, textos sintéticos y abundantes fotografías. Su título
en portugués “Turismo na Costa Doce. RS – Brasil”.
Lo auspiciaban 13 municipios y el patrocinio era del Ministerio de
Turismo, Eletrosul, Sebrae, Agencia de Desarrollo, Ecosul y dos
universidades privadas.
El proyecto cumplía la finalidad de calificar a empresas
turísticas de la Mitad Sur, abarcando desde la cuenca del Guaíba,
al norte, hasta la desembocadura del Arroyo Chuí, en el extremo
sudeste brasileño.
Varias eran las omisiones a la vista. Apenas una fotografía del
muelle de la Laguna Merim en Santa Vitória, ninguna mención a la
Barra do Chuí, ni a las impresionantes moles que fijan la
delimitación de jurisdicciones entre Uruguay y Brasil, ni al farol
que orienta los rumbos de los navegantes y enciende los duendes de
la imaginación. Estaba omitido, además, el curso de agua dulce en
el que abreva el gran Océano Atlántico y que da nombres propios a
dos pueblos fraternos.
Más todavía. Ni Barra do Chuí, ni su barrio-balneario Alvorada,
fueron citados. Para muestra, se mencionaba en un listado de
hotelería, un establecimiento por cada uno, dando apenas cuenta de
números de teléfono. Bien poco y, para menos, decretando algo así
como la inexistencia de otros emprendimientos dignísimos.
Para una publicación costosa, supuestamente realizada por gente
especializada, una coordinación muy defectuosa, no generadora de
estímulos.
¿Cuál podría ser la conclusión? ¿Tirar por la borda el principio
del trabajo conjunto de los 13 municipios y volver a foja cero?
¿O afilar la puntería, subsanando las insuficiencias e, incluso
procurar incorporar al Municipio del Chuí, como el componente
décimo cuarto de esta asociación?
Todo este relato viene a propósito del malestar de algunos
sectores de la Cámara Legislativa Vitoriense, que han apreciado
con incomodidad el folleto denominado “Turismo de
Integración”, que con la invitación de “Venga al Chuí”
acaba de difundir la comuna de este nombre.
Un “folder”, a todo color, con muy buenas imágenes, diseñado por
gráfica “Liberal”, lanza el desafío para disfrutar de las playas
brasileñas de Barra do Chuí y Hermenegildo; de la Fortaleza de
Santa Teresa (que posee franja costera y amplísimas instalaciones
de veraneo y camping) y del Fuerte de San Miguel (que dispone de
restaurante y alojamientos) y se ubican en Rocha; de los free-shops
y casino del Chuy uruguayos; del Farol de Barra do Chuí; de las
moles de hormigón armado que fijan la desembocadura del Arroyo
Chuí (Chuy) y del inexplorado inmueble de la Laguna Merim, en las
afueras de Santa Vitória…
Los municipios de la región atlántica en los últimos años han
venido acentuando sus vínculos, superando distanciamientos
episódicos y, seguramente, advirtiendo que el trabajo
intermunicipal y binacional debe potenciarse.
Una forma sería poner sobre la mesa proyectos en materia de
“turismo de integración”, posibilitando el turismo social con la
habilitación de circuitos, calendario de eventos y algunos
programas de dinamización de la zona.
Si nos detenemos en cualquier imperfección de un folleto es
probable que, más que ver el bosque, sigamos viendo los árboles.
Cuando se tenga armada una agenda y puedan ponerse en marcha dos o
tres proyectos sencillos de integración de la llamada “industria
sin chimeneas”, estaremos haciendo rodar la máquina sobre los
rieles. Y nos será mucho más fácil ponernos de acuerdo sobre los
contenidos de los folletos publicitarios. Y brasileños y uruguayos
estarán más satisfechos ante perspectivas laborales, ayer y hoy
muy escasas. |