|
LIBERTAD DE PENSAMIENTO, LIBERTAD DE PRENSA
Hay nociones básicas que a algunas personas les cuesta
entender. Preferirían que no hubiera transmisión del pensamiento
por la prensa y, si no resultare ese cercenamiento, que los medios
le tocaran el violín a la luna, apelaran a un lenguaje de Esopo o
hablaran sin mover los labios, con la boca cerrada.
La Justicia, que suele ser lerda en tantas facetas, procesa
con habitualidad a periodistas, por informaciones o comentarios
de circunstancias que ya han cobrado estado público.
No es secreto que la prensa partidizada siempre resultó molesta
a los del bando opuesto.
En un mundo sin diferencias, sin matices, sin doctrinas, sin
filosofías y sin religiones, la prensa, acaso, pudiera ser de un
mismo color y, en hipótesis, no causaría más incomodidades. No en
una democracia plena.
En un régimen de libertades públicas, constitucionalmente
garantidas, la prensa conlleva opiniones. Sus informaciones
atraviesan la subjetividad de quien, desde el ángulo de su
idealidad o de sus intereses, emite un juicio o considera un
hecho. Por más aséptico que se proclame el emisor.
Ahora, si cada vez que se formule un comentario, los tribunales
van a acoger demandas por presuntas injurias y delitos penales,
debe de quedar muy claro que se está atropellando la libertad de
prensa. No tiene otro nombre. Guste o no guste.
En este punto cabe expresar que tanto la ley que lo permite,
como una subvaloración de la Carta Fundamental, ponen a Uruguay en
una senda a contrapelo de sus tradiciones democráticas más
relevantes. No voy a recordar textos fundacionales claves,
surgidos en los albores de la gesta artiguista y la dura brega
política para ir consolidando la avenida de las libertades.
Bastaría, apenas, con citar cómo se respetó la libertad de
prensa ante las más ácidas y constantes críticas a que fuera
sometido el gobierno nacional en los años 50 del siglo pasado.
Como contracara de una medalla, lo opuesto vino a ocurrir años
después, llegando a los 70, en que el país se deslizó hacia un
régimen de “medidas prontas de seguridad”, dictadas a permanencia,
con la clausura y amordazamiento de medios, deportaciones
internas y torturas a ciudadanos.
Se debe hablar claro en esta materia para reorientar el curso
de los hechos y mantener los principios del republicanismo
uruguayo.
Tan delicado como lo anterior resultan las agresiones de
particulares a periodistas. O amenazas de muerte emitidas desde
medios electrónicos, como las denunciadas por la Asociación de
Periodistas de Tacuarembó y recogida por la Red de Periodistas de
Uruguay.
En el plano exterior, no puede verse sino como un retroceso,
que vulnera el principio de libertad, la condena a prisión por
varios meses de la periodista norteamericana Judith Miller. En
una investigación para “The New York Times” una secuencia había
determinado que un ex -diplomático -cuya esposa es agente de la
CIA- había calificado como falsos los argumentos dados por el
Presidente Bush para ordenar la invasión a Irak. En un ejemplo de
ética profesional la reportera guardó la confidencialidad de su
fuente, desafiando a sus inquisidores judiciales.
Como puede advertirse, a nombre de episodios de distinta
naturaleza cuya proyección quiere quitarse del espacio de los
debates públicos, la libertad de prensa pasa a ser molesta y
recibe presiones de los centros de poder (políticos, económicos,
deportivos, etc.) en la persona de quienes escriben, analizan e
informan.
En la versión totalitaria de los más arrogantes hay que
aherrojarla, lo que equivale a enviarla a la edad media. Y, de
alguna forma, sacar de en medio a quien moleste. Por la cárcel o
el atentado físico. Pero estamos en el siglo XXI y no habrá utopía
regresiva.
El compromiso de los periodistas de alma seguirá siendo con la
libertad.
 |
|
Periodista argentino Jorge Lanata.
De rápida incursión por medios televisivos uruguayos, epilogó
su pasaje por Canal 12, de Montevideo, con un bochornoso
capítulo de censura empresarial.
La Revista “Qué Pasa” caricaturizó su imagen con un
cierre en la boca. Cuando pretendió hablar de y con “los
intocables” de Uruguay, le fue levantado el programa. Ahora
surgieron amenazas de muerte a profesionales en Tacuarembó. |
|