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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

LAS MANOS ¿DÓNDE?

   El PT, Partido de los Trabajadores, que catapultara a L. I. Lula da Silva al gobierno de Brasil, obtuvo en la elección parlamentaria una mayoría relativa, conforme al resultado de la primera vuelta.

   Por tal, insuficiente para aprobar con comodidad medidas legislativas.

   Para subsanar tal dificultad, conformó alianzas con diversos partidos y líderes, del mismo modo que, ya antes, para llegar al Planalto acordó apoyos con agrupamientos de variada extracción.

   La concepción estratégica de algunos políticos -no solamente en Brasil- es acceder al sillón dorado, sin importar mucho de qué manera. La rebaja de los programas originales y la distribución de las piezas, en eso que se denomina cohabitación, son los dos palos que conforman la cruz en que pasan a colgar los sueños astillados de mucha gente.

   Hace unos meses un político uruguayo articuló una expresión gráfica elocuente   cuando habló de los abrazos y las relaciones de serpentario, en pos de la obtención de una mayoría suficiente de escaños.

   El tan jaqueado gobierno de L. I. Lula da Silva seguramente que las estableció, bajo la cuestionable pretensión de que “el fin justifica los medios”. Por esta vía, quienes se integraron como fuerzas coaligadas fueron los que accedieron al fenomenal reparto de 21.000 cargos de confianza política, en la red de dirección y administración de los servicios federales.

   Hacia los años 50 en Uruguay esto se apellidaba “toma y daca”; después, política de “coparticipación” constitucionalizada en el 3 para mi (gobierno) y el 2 para ti (oposición mayor). Luego llegaron otros pactos y alianzas, acuerdos de entonación nacional y otras yerbas, con una aproximación más pasional. Cuando se delineó el “ballotage”, los blancos (Partido Nacional) le terminaron dando sus votos al Sr. Jorge Batlle (Partido Colorado) para que gobernara, con ellos adentro, por supuesto. Medio siglo de contraprestaciones, incluido el período militar, en el que los dóciles prestaban sus servicios por el encanto seductor de habitar de consuno.

   En lo dicho hay semejanzas y diferencias; concomitancias y efectos de estas uniones. Algunos muy corrosivos. Fuera de cómo operan las normas electorales y los organigramas partidarios.

   Lo que sorprende, dentro y fuera de Brasil es cómo, casi por un soplo, se esfumaron las ideas de cambio y de una nueva moral, predicadas con ardor por el PT. Y cómo su dirigencia central quedó enterrada en las arenas movedizas de la corrupción.

   Se hace necesario manifestar que es irrelevante un argumento arrojado al ruedo: que quien tiró de la manta sea “un político de derecha, defensor de F. Collor de Melo”.Lo que importa es saber si las denuncias promovidas por el Diputado Federal, Dr. Roberto Jefferson, tenían o no la entidad atribuida. Los hechos le han dado la razón. Al temblar la tierra, se precipitaron ceses, renuncias “voluntarias”, sumarios, fugas con valijas repletas de dinero y hasta un asesor pertrechado con papel moneda abultando sus glúteos y abdomen... Delitos y prácticas espúrias de cualquier calibre. Hasta el mismísimo Presidente Lula da Silva se incriminó por haber sido apuntalado en la elección con fondos de donantes no declarados. Avasallando la ley.

   Jefferson, abogado experimentado y tribuno audaz, sabiendo donde pegaba, les expresó a los miembros de la Comisión Investigadora Parlamentaria, acusándolos: “Aquí, la única virgen, es la senadora Eloísa Helena (expulsada del PT y fundadora del Partido del Sol), hasta la próxima elección…!”

   Las cajas negras, financiadoras de partidos y candidatos, existen; como también estuvieran denunciadas en Uruguay alrededor de los años 70. Es previsible. Estos favores tendrán que ser pagados, de muchas formas donde se dé el fenómeno.

   Si como sabemos la generación espontánea no existe, el mal que afecta a Brasil -y está alcanzando un punto crítico- ni nació ayer. Ni es particular de ese país.

   “La ética de los pillos – El submundo del Congreso Nacional” (A ética da malandragem – No submundo do Congresso Nacional) fue escrito en 1990 por Lucio Vaz, periodista “gaúcho” que revista en “Correio Braziliense”. Él develó los entretelones de la compra de votos legislativos y un caso por el que se pagaron alrededor de 136 millones de reales (valor actualizado, equivalentes a 1360 millones de pesos uruguayos) para dar vida a un candidato. La publicación esclarecedora se desarrolla en 26 crónicas.

   Quien exhuma este antecedente es la colega Carolina Carvalho. Transcribe en su nota para el portoalegrense “Zero Hora” un episodio vulgar de nepotismo, común en nuestras latitudes:

-Una duerme conmigo; la otra me parió.

   Así dijo lacónicamente un senador, jactándose de haber “colocado” a su mujer y a su madre en la administración.

   Lo grande grande  y lo chico y lo pequeñito se integra a una cultura del fraude.

   El actual presidente uruguayo dice y repite: “podremos meter la pata, pero no la mano en la lata”. Que lo sienta así es bueno, pero no basta.

   Más que la prédica moral, importan cómo se estructuran los sistemas electorales y crecen las organizaciones partidarias, proyectadas hacia la fluida participación y contralor de la ciudadanía. Los grandes desplomes vienen cuando los partidos y los hombres empiezan a abandonar los principios que dijeron sustentar, a incumplir programas y a abroquelarse en estructuras cerradas, olvidando a la gente y actuando contra ella.

   Es preciso reflexionar sobre esta experiencia negativa para sacar debida enseñanza.

   Porque ¡vaya si será “veleidosa la probidad de los hombres”!, repitiendo la frase señera de Artigas, afirmadora de la noción de República contra los devaneos elitistas que, aún hoy, nos matan.

Walter Celina - Julio de 2005  waltercelina@hotmail.com


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