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LA VIDA DE LAS ABEJAS
El abogado belga Maurice Maeterlinck, exponente del teatro
simbolista, creador del “Pájaro Azul” y “Peleas y Melisanda”,
obtuvo en 1911 el premio Nóbel de la especialidad. La sentida
melancolía de sus obras inscribió sus trabajos en una reacción
contra el naturalismo.
Claude Debussy llevó Peleas y Melisande a la ópera, con resonante
suceso. Pero, seguramente, lo más interesante es que, mientras
alternaba en los cenáculos de los poetas franceses, en 1901,
produjo un libro de observación fantástico: “La vida de las
abejas”.
Mas allá que un siglo después se conozca con enorme precisión lo
que acontece con los insectos himenópteros, dieciocho años de
observación han llevado, ahora y con proximidad, a que un
productor-investigador, de la zona fronteriza brasileño-uruguaya,
haya desarrollado una alimentación que evita la muerte prematura
de las abejas.
Pedro Antonio Ferronato es un apicultor de Santana do Livramento,
la ciudad gemela con Rivera.
En los períodos de clima alterado, con predominancia de lluvias,
la floración de las plantas se ve perjudicada. Tal atraso,
disminución o pérdida de la reproducción vegetal determina que los
enjambres tengan resentida su fuente alimenticia. Hay una muerte
anunciada y caída de la renta de las colmenas.
La solución encontrada por Ferronato consiste en la formulación de
un producto en base a proteínas de soja, azúcar, vitaminas y miel,
con consistencia de rapadura.
Cada caseta consume una placa por mes del compuesto, cuyo costo es
de 4 reales, unos 40 pesos. Se alcanzan 94 kilos de miel por caja,
contra un rinde medio en la zona de 15 kilos.
Este logro es otra forma de encontrar, en el trabajo inteligente,
respuestas a los desafíos. Podría decirse, asimismo, que enaltece
la naturaleza por sostener el atributo de la vida. Lo cual y,
volviendo al inicio, se conjuga con el principio de la belleza. |