Chuynet

 

COLUMNA DE INFORMACIONES Y COMENTARIOS

IMPRIMIR

 
Envía tu comentario
Si desea enviar un comentario referente a esta nota o a otra, favor clic en Enviar
 
 

Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

LA "MONITA" Y EL DECÁLOGO PARA POLÍTICOS.                      

   Cuando conforme a los viejos programas de la educación media accedíamos al estudio de las culturas más antiguas, íbamos ubicando el papel de las religiones en el gobierno de las sociedades.

   A medida que progresábamos en los conocimientos y profundizábamos en la evolución de la civilización, adquiríamos nociones más claras de las relaciones entre clases sociales, religión y política.

   El salto de la monarquía a la república nos puso a un paso de la época contemporánea y de la línea demarcatoria entre el poder espiritual y el temporal, a cuya noción vernácula José Batlle y Ordoñez y el "iluminismo uruguayo" dieron especial destaque en las postrimerías del siglo XIX y en los inicios del XX.

   Cuando Maquiavelo escribió "El Príncipe", aconsejando cómo un gobernante debe conseguir sus fines, piezas de tal género se habían escrito, aunque no de tanta relevancia.

   Pisándole los talones, hay otra obra refinada y casi oculta a través de los tiempos.

   Se trata de la Monita Privata Societatis Iesu. Sencillamente, es un librillo apócrifo de los sacerdotes jesuitas.

   Contiene las advertencias a los miembros de la congregación para ganar adeptos con suavidad y halagos, más un arsenal de artificios y mañas para alcanzar propósitos.

   Como quien dice, una escuela premonitoria de Dale Carnegie.

   En estos días, en que reverdecen las citas bíblicas, las ritualidades  monásticas y los simbolismos de la religión vaticana, parece oportuno recordar otra obra, casi olvidada. Hace varias décadas accedimos a ella en la Biblioteca de la Facultad de Derecho."La historia política de los Papas" insume varios tomos y fue escrita por el jurisconsulto uruguayo y civilista Dr. Celedonio Nin y Silva.

   Todo viene a cuento porque, en estos días, la relación entre política y religión sigue siendo un hecho vigente. Nos guste o no, ahí están las noticias de los ámbitos nacional e internacional.

   Ahora, desde Málaga, un obispo dimisionario, ha destinado un decálogo para la "clase política".

   Es público y no tiene desperdicio. Es casi para colocarlo obligatoriamente en las sedes partidarias y los despachos gubernamentales.

   Aconseja el clérigo:

   1) Sean humildes, para que la vanidad no los destroce.

   2) Conténtense con lo que tengan, para que nadie los acuse de enriquecerse a costa ajena.

   3) Huyan de la publicidad, para que los medios de comunicación no los devoren.

   4) Renuncien a viajes inútiles, para que la permanencia en los lugares de siempre los ayuden a profundizar.

    5) Sean honrados en todo, para que no sientan miedo de nadie.

    6) Sean sobrios, para que la carestía no los sorprenda.

    7) Eviten la lisonja, para que las críticas no los descorazonen.

    8) Digan siempre lo justo y preciso, y con respeto, tanto en público como en la intimidad, para que nadie pueda burlarse de ustedes.

    9) No quieran pasar a la historia, para que la historia los tenga presentes.

    10) No tengan afán de proponer soluciones, para que se les pida opinión cuando realmente se las necesite.

    Seguramente el obispo malagueño -que debo colegir que, por dimisionario, ya colgó sus hábitos- vió lo que mucho de nosotros.

    En un ciclópeo esfuerzo ha tentado cambiar la conducta de los descarriados del universo político.

    Si lo logra, hará un milagro, fuera de la iglesia. Si naufraga, nos veremos en la ascensión a la superficie, desde el fondo del mar.

    Como desde siempre, seguiremos aprendiendo.

Walter Celina - Abril de 2005  waltercelina@hotmail.com


www.chuynet.com© 2000 - 2005