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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

EL SUR ABRE LAS PUERTAS DE HOLLYWOOD

   Hace unos días en Porto Alegre, jóvenes guevaristas asistentes al Foro Social Mundial, proclamaban en las plateas culturales su entusiasmo por Diario en Motocicleta, el filme del talentoso brasileño Walter Salles.

   El sábado último, veinticuatro horas antes de las premiaciones de la Academia de Hollywood, una entidad de críticos independientes se anticipó a los dictámenes de la industria del cine norteamericano.

   El suceso tuvo lugar en Santa Mónica, California. Allí se galardonó como mejor actor debutante a Rodrigo de la Serna y por la calidad de las tomas fotográficas  a Eric Gauthier, ambos del filme antes citado.

   Fue como el anticipo de lo que ocurriría en la 77ª ceremonia de los Óscares del domingo.

   También aquí el director habría de recoger otro reconocimiento, esta vez, ligado al de un uruguayo: Jorge Drexler, músico y canta-autor de renombre en España.  

 

Drexler obtuvo para Diario en Motocicleta el título de la Mejor Canción Original, por el tema  Al otro lado del río.

   El cantante tomó conocimiento de la candidatura de su composición en la playa “La Paloma”, de Rocha, a pocos kilómetros de la demarcatoria atlántica entre Uruguay y Brasil.

   Con sorpresa el elenco de la película -que relata las andanzas juveniles del Ché Guevara- supo que en la entrega del título no sería Jorge Drexler el llamado a cantar.

Gill Gates, responsable de la comisión de organización, lo  excluía porque, a su juicio, no era lo suficientemente conocido. Ante el veto de su nombre, el uruguayo propuso a Caetano Veloso, una fenomenal personalidad del canto contemporáneo.

Jorge Drexler: el uruguayo que abrió las puertas de Hollywood. Ganó el primer Oscar para una canción en español. Millones de discos con su tema “Al otro lado del río” invadirán el mercado musical.

 

   La contraoferta fue de ¡Enrique Iglesias (hijo de Julio)!..., que no adecuaba su estilo al del autor. Robert Redford -actor vinculado a productores no consorciados- suscribió una demanda ante la Academia con la firma de numerosos actores. Finalmente, quedó arreglado que el español Antonio Banderas cantaría la canción con el acompañamiento Carlos Santana.

   En tanto, Jorge Drexler únicamente pasaría por la alfombra roja para recoger el galardón. Con razón sostuvo: “He aprendido mucho de los mundos a los que no tenía acceso y, también, he visto la cara más furiosa del fundamentalismo mediático.”

   Banderas hizo lo mejor que pudo con la letra, incurriendo en algún desafine. Ello animó al uruguayo quien, luego de recoger el premio, robó un micrófono e, inclinándose sobre el con gran simpatía, cantó “a capella” parte de su composición. Lo hizo con natural gracia y nostálgico acento.

   Fue como si el motor de la legendaria motocicleta se desacelerara. Hubo un momento para dejar caer sobre los oídos de la platea del Kodak Theatre una melodía tierna.

   Fue una noche feliz. Los aplausos de los artistas del norte coronaron a los talentos del sur.

   También el instante en que un producto cultural latinoamericano perforó el muro de una vieja incomprensión. De una competencia que no se desea y que tiene mucho de obsoleta discriminación.

   Pero, el sur también existe. Y da muestras de sus valores, inteligencia y coraje.

Walter Celina - Marzo de 2005  waltercelina@hotmail.com


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