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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

VIAJE AL INFIERNO

   La Divina Comedia es una de las obras magistrales de la literatura universal, escrita por el maestro florentino Dante Alighieri. Se trata de un simbólico periplo por el infierno, el purgatorio y el paraíso.

   Ser despachado a una cárcel, en cualquiera de nuestros países, equivale a arrojar a un procesado o condenado a un auténtico infierno terrenal.

   Hasta parecen insignificantes las palabras introductorias del Dante, en el canto I, cuando dice: ¡Cuán dura cosa es decir cuál es esta salvaje selva, áspera y fuerte, que me vuelve el temor al pensamiento!

   No me referiré a los episodios carcelarios que desde hace unos cuantos años conmocionan la opinión pública y que, tantas veces, la televisión capta por instantes y exhibe con un corolario de destrozos  que tornan más penosa las condiciones materiales de existencia de la población carcelaria. Escenas fugaces y mudas, testimonio crudo de la violencia y la compulsión imperantes. Condiciones de cultivo de la ferocidad, que no de ninguna recuperación, penitencia que se torna “tan amarga casi cual la muerte”, para repetir al célebre italiano.

   El hacinamiento, la promiscuidad más abyecta, la falta de higiene y la sanidad más precaria, la alimentación pobre y el descaecimiento del cobijo hacen, en opinión de técnicos uruguayos, impracticable cualquier técnica de rehabilitación.

   Un dato: en 2004, en nuestras cárceles, los delincuentes primarios fueron 3.435. En lo que va de 2005, ya ingresaron 3.220.

   Es un claro índice de una sociedad alterada, que debe apostar a medidas que actúen en distintos frentes y se complementen para provocar un estado social de cambios positivos.

   Tales condiciones serán las que brindarán soporte seguro a una política criminalista, con contenido humanista. La que permita desarrollar con éxito lo que estipula el Artº 26, inciso 2º, de la Constitución de Uruguay y que, en versiones similares, recoge el ordenamiento legal latinoamericano: “En ningún caso se permitirá que las cárceles sirvan para mortificar, y sí sólo para asegurar a los procesados y penados, persiguiendo su reeducación, la aptitud para el trabajo y la profilaxis del delito”.      

   De qué modo en la América Sureña van concentrándose  los habitantes de las penitenciarías, levantando la presión dentro del caldero.

   Sostenía un senador compatriota que luego de cometido el acto punible el delincuente, sin más, queda “archivado”. Y agregaba: “Diría que es como expulsar a alguien a la calle cuando está lloviendo, para luego no dejarlo entrar más porque está mojado”.

   ¡Si habrá que cambiar de óptica para dar con el rumbo cierto! Al menos, para poder sostener que si la delincuencia no paga, los infiernos penitenciarios tampoco son el camino.

Walter Celina - Julio de 2005  waltercelina@hotmail.com


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