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UNA
PREGUNTA INDISCRETA
Los periodistas -algunos, al menos- cargamos con la fama de
entrometidos, sea porque nuestros comentarios no gustan o irritan.
Pueden contrariar, si una o más preguntas, se reputan no
pertinentes. O derechamente, impertinentes.
Pero, no es cuestión de arredrarse ni de dejarse someter por la
presión del “que dirán”. Un periodista moderno, sea o no de
academia, debe ser audaz e ir directo al grano de cereal que lo
alimenta. Aunque la pregunta incomode. O, para decirlo de otra
forma, no produzca deleite en el entrevistado.
En circunstancias ominosas, cualquier interlocutor puede tragar
saliva y denotar algún tic nervioso. Por ahora, no sería lícito
meternos en aspectos psicológicos.
Hay una pregunta casi baladí, en el centro de esta nota. Es tan
versátil que le puede caer a políticos y ejecutivos; a
comerciantes y amas de casa; a profesionales, profesores y
estudiantes; a productores y consumidores. A periodistas, sin
excepción.
Y podría seguir, ya que no se detiene en clases sociales,
estándares culturales o económicos. Por esta cualidad abarca,
asimismo, a los no laboralistas e inquietos mirantes que suelen
arracimarse en una esquina de barrio, en la puerta de una cantina
o ejercer con fruición su ocupación habitual desde bancos de plaza
o tras los visillos de sus casas.
Como se verá, si la pregunta pudiera reputarse de trivial, nadie
osaría denostarla por no democrática.
Sin rodeos voy a la misma, directo al pecho. ¿Está preparado?
Bien:
-¿Ya tiene encargado su almanaque para el año venidero?
Lo precisará, casi como el aire que respira. No tengo dudas. Me
anticipo a manifestarle que no he de ser yo quien se lo provea. No
cuento con los medios idóneos de algunos amigos editores.
Apenas procuraré traer a colación que en nuestras comunidades
existe una larga tradición para ofrecer los almanaques en variados
formatos.
En Uruguay, por ejemplo, el Banco de Seguros del Estado
edita su anuario bajo la forma de un libro destinado a clientes.
Allí se puede encontrar desde el santoral hasta la manera de no
arrepentirse por las granizadas súbitas, que toman a un cultivador
sin seguro.
Donde la historia de los almanaques es sencillamente impresionante
es en el Estado de Río Grande del Sur, parte de la confederación
brasileña que limita al norte de Uruguay.
El Almanaque de la Villa de Porto Alegre se conoció en 1808
y estaba dirigido a Fernando de Portugal. Su edición se produjo en
1867 en la Revista del Instituto Histórico y Geográfico de RS. Un
calendario impreso para la República Riograndense apareció
en 1840. Lo publicó el diario “El Pueblo” (O Povo, de
Caçapava). El Almanaque Pelotense es de 1862 y de 1873 el
Comercial e Industrial Riograndense. Como otros, fueron de
vida corta.
Estas publicaciones, en la tradición seguida hasta ahora, estaban
ligadas a la prensa. Otros, eran lanzados por farmacias, lo que
fue generalizándose hacia nuevas áreas del comercio.
Los hubo religiosos y políticos, aunque muy escasos. No faltaron
versiones alemanas, auspiciadas por la colectividad germánica.
De 1885 a 1914 alcanzó justa fama el Anuario de la Provincia
de RS, llamado después del Estado. Incluía poemas
parnasianos, versos, crónicas y notas de géneros diversos. Tuvo la
particularidad de contener pasatiempos de los conocidos como
crucigramas.
El Almanaque Literario y Estadístico abarcó el período de
1889 a 1917, agregando artículos históricos.
Iniciado el siglo XX fue la ciudad de Pelotas, con su empuje
comercial, la que ofreciera variedad de lanzamientos desde sus
imprentas.
La voz almanaque es de origen árabe, hundiendo sus raíces en el
latín en que significa “círculo de los meses”. Las culturas
antiguas y las americanas correspondientes a mayas, aztecas e
incas establecieron sus calendarios a partir de las relaciones de
la tierra con el sol, fijando sus medidas del tiempo.
Espero que la pregunta y este rodeo no hayan resultado demasiado
incómodos.
(Fuente: Gerónomo Teixeira - Diccionario Literario de RS -
Organizado por Assís Brasil, Moreira & Zilberman - Novo Século -
1999). |