Chuynet

 

COLUMNA DE INFORMACIONES Y COMENTARIOS

IMPRIMIR

 
Envía tu comentario
Si desea enviar un comentario referente a esta nota o a otra, favor clic en Enviar
 
 

Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

LOS 150 AÑOS DE  LA CIUDAD VITORIENSE

¿CÓMO CONSTRUIR EL FUTURO?

Fundar una ciudad implica tener la visión de un futuro compartido y haber desarrollado la capacidad de actuar unidos para impulsar un determinado proyecto. Por lo general, en los tiempos modernos, supone, también, la necesidad abordar soluciones comunes para problemas comunes de un grupo humano.

El término ciudad proviene del griego civitas, en que la colectividad se autogobierna y asume los caracteres de un estado.

Estudios contemporáneos de Charles Redman son explícitos para hacer notar la notable importancia que en el surgimiento de las ciudades tuvo el factor agrícola. No el único, ni el determinante, aunque mostrándose con frecuencia desde las civilizaciones mesopotámicas y otras, formadas hace 6.000 años.

Nuestras fértiles tierras atrajeron a españoles y portugueses y avivaron principalmente las miradas inglesa y francesa, sentándose bases para el desarrollo de nuestras primeras formas comerciales, industriales y para la formación del mercado. Los progresos alcanzados hasta hoy menos serían sin los frutos del tesón y las voluntades pioneras, si no se hubieran captado los avances en el conocimiento y si no se hubiera contado con la mano de obra asalariada.

De esta marcha ascencional nacen muchas de nuestras ciudades, nutridas por el fervor de sus habitantes.

Las ciudades amparan sueños de bienestar, de paz, de realización en las ciencias, las artes, el trabajo, los estudios y el deporte.

Santa Vitória do Palmar enaltece su espíritu en los 150 años de su fundación. Sus hijos sienten un orgullo legítimo, que sus hermanos celebramos con íntimo alborozo.

Lo que ha de ser esta ciudad -y tantas otras- en el tiempo por llegar dependerá de muchos elementos. Pero, seguramente, más de lo que juntos, unos y otros sepamos  y queramos hacer, para labrar un destino menos azaroso, más cierto, más henchido de esperanzas y realizaciones compartidas.

Sentenció Séneca que “Construir una ciudad lleva una generación. Destruirla, sólo una hora”. Aludía a un saqueo imperial, como el ordenado contra Cartago. Siglos después, en apenas segundos, bombas atómicas y otras, de altísimo impacto,  siguen cayendo sobre poblaciones civiles, generando el alerta de lo que el hombre debiere tener vedado. 

Si la guerra entraña un riesgo sobre cualquier ciudad, existe un listado tétrico de cómo puede producirse la muerte por hambre, enfermedades curables, epidémicas y otras, no estando ajeno el medio ambiente,  atacado en los conglomerados humanos y en las áreas rurales.

Se trata de cuestiones actuales. Invitan a pensar las ciudades en el intercambio fructuoso de sus ciudadanos, autoridades democráticamente electas y grupos especializados. A pensarlas y desarrollarlas salvaguardando el interés público. 

Rimbaud, exquisito poeta del simbolismo francés, produjo un pensamiento que es apropiado tomar para la celebración vitoriense. Convida a desenvolver el ideal de la ciudad futura, en un mundo nuevo: “A l’aurore, armés d’une ardente patience, nous  entrerons aux splendides villes.” (“Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos a las espléndidas ciudades.”)

La vitoriense en su sesquicentenario  podrá constituirse -parafraseando a Pablo Neruda- “en la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a los hombres”.

Será por un acto conciente y deliberado, soberano, autónomo, participativo e integrador, de manos tendidas y en suma. Una empresa nueva que justifica la espera de la aurora del viejo poeta. Y que muestra los colores y la sonrisa de un gran pueblo.

Walter Celina - Diciembre de 2005  waltercelina@hotmail.com


www.chuynet.com© 2000 - 2005