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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

FRONTERA ATLÁNTICA, FRONTERA LIMPIA

   Tras los atentados a las Torres Gemelas, en Nueva York, los Estados Unidos ejercieron una gigantesca presión sobre los gobiernos del mundo en apoyo de sus planes antiterroristas.

   Ello se tradujo en un episodio inusitado, vivido con dramática intensidad en la frontera atlántica uruguayo-brasileña.

   Un Delegado de la Policía Federal Brasileña, establecido en Santa Vitória do Palmar -a unos treinta kilómetros de la demarcación territorial con Uruguay-, emitió un edicto, propio de Catón, el Censor. Emplazó para que, perentoriamente, abandonaran el área fronteriza brasileña todos quienes no poseyeran documentos de radicación en forma. El “diktad” golpeaba con crudeza a cientos de uruguayos, asentados en la franja inmediata a su país. De la noche a la mañana, contrariando los más firmes lazos de familia, vecindad y negocios, iban a ser expulsados. Otras personas, comerciantes de familias venidas del Cercano Oriente podían correr la misma suerte, aunque, por lo regular, eran poseedores de la  documentación exigida.

   Se hizo fácil entender que la resolución era un coletazo de las operaciones de inteligencia, lanzadas “urbi e orbi”, por la primera potencia mundial.

   Víctimas propiciatorias eran los uruguayos pero, quienes estaban en el ojo de la tormenta, no podían ser otros que los pequeños núcleos formados por palestinos u oriundos de tierras vecinas a esa nacionalidad y, sin distinción, los que estuviesen ligados al culto musulmán.

   Finalmente, el Delegado Federal salió de la escena. Ambos países ratificaron sendas leyes, disponiendo seguridades jurídicas para los domiciliados en los espacios inmediatos a los límites territoriales. Las aguas volvieron a su cauce.

   Hasta aquí se trata de una historia bastante conocida.

   Que todo fue un acto grosero y abusivo ahora lo viene a manifestar, de alguna forma, el Departamento de Estado norteamericano. En un informe al Congreso, con un volumen de 1.500 páginas, relativo a la lucha contra el terrorismo hay unos párrafos sobre Uruguay. Son confirmatorios de algo que podía suponerse:

   “El gobierno (de Uruguay) ha brindado asistencia ocasionalmente en el monitoreo de fondos que se sospecha estuvieron dirigidos por parte de posibles extremistas a la comunidad musulmana, en el área de las tres fronteras y en la frontera norte de Uruguay y Brasil.

   Para los intérpretes norteamericanos el límite uruguayo con Brasil no reconoce más que el norte. Puede ser un defecto atribuible a la brújula o a su manejo. Desde luego, ello es menos grave que explorar las cuentas bancarias de las empresas y ciudadanos, a beneficio de otro país.

   Como ayer, la calma impera hoy en la frontera uruguayo-brasileña. Sin misterios ni, felizmente, terroristas. También en nuestro sur-este, donde en vez de un problema habían tirado un fantasma.

Walter Celina - Mayo de 2005  waltercelina@hotmail.com


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