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33
AÑOS DESPUÉS…
BAUTISMO, CONFIRMACIÓN Y PRUEBA
EL
PRIMER FRENTE AMPLIO
El 5 de febrero de 1971 se reunieron en el Palacio Legislativo
los dirigentes de las organizaciones políticas y personalidades de
los ámbitos social y cultural que habían arribado a un acuerdo
político para sustentar -en coalición- un nuevo partido
político: el Frente Amplio.
Allí estaban presentes los Generales en retiro Líber Seregni,
Arturo Baliñas y Víctor Licandro.
El nerviosismo se patentizaba en las miradas de algunos
actores. En la soltura de gestos y la madurez de los políticos
que habían logrado poner en marcha un delicado mecanismo de
ingeniería.
Algunos augures lo consideraron insustentable.
Tras un programa único, estaban en un friso multicolor
democristianos, comunistas, socialistas, emigrados de los Partidos
Colorado y Nacional, fuerzas menores e individuos independientes.
La nueva alianza se apoyaba en un sistema organizacional en el que
se contrapesaba la fortaleza del Partido Comunista de la época,
con la de otros grupos que le eran relativamente opuestos. Tal
esquema, sin embargo, no lo limitaba y, en los hechos, fue
soporte de la novel entidad en aspectos cardinales.
La coalición nominó candidatos únicos a la presidencia, vice e
intendencias, en oposición a las candidaturas múltiples
presentadas por los lemas de los partidos tradicionales.
La candidatura de Líber Seregni fue propuesta por Zelmar
Michelini, luego de examinarse y explorarse otros nombres
relevantes. Poco a poco el militar -que era un talentoso político-
fue dándole consistencia a aquel agrupamiento polícromo. A su vez,
éste comenzó a recononocerlo como un cabal representante de
todos. Fue el primer Frente: tan discutidor en sus bases, como
celoso de los partidismos individuales.
Ausentes de esta formación estuvieron los Tupamaros, quienes,
no obstante, llegaban a los comités a través del Movimiento “26 de
Marzo”. Por esa vía, asimismo, canalizaron su voto en 1971. Este
Frente tenía un fuerte acento democrático-radical, no guerrillero,
reconociendo el peso de la clase obrera y capas medias
movilizadas, las que apelaban a un credo de transformaciones,
solidaridad, internacionalismo, brega antiimperialista y adhesión
irrestricta a la revolución cubana.
LA
DICTADURA
Como común denominador, las fuerzas impulsoras de aquel Frente
Amplio abogaban por el cese del régimen de “medidas prontas de
seguridad”, a las que apelaba el gobierno de Jorge Pacheco Areco y
el de su sucesor Juan María Bordaberry. Los allanamientos, la
prisión de sindicalistas, los actos represivos, la sustitución de
los Consejos de Salarios por la COPRIN, la tortura y los malos
tratos a los detenidos y los atentados a sedes partidarias y
militantes, obraban como un activo galvanizador de la nueva
expresión política.
En la gira electoral nacional de presentación de los candidatos
centrales, hubo intentos para eliminar a Líber Seregni, corriendo
riesgos similares otras figuras. La elección fue turbulenta y los
nacionalistas sostuvieron que hubo también fraude.
En el acto de toma de posesión de Juan María Bordaberry como
presidente, en la Asamblea General, el Diputado Rodney Arismendi
lo acusó de estar dando un juramento falso.
El 27 de junio de 1973, en efecto, disolvió las Cámaras con el
apoyo de las Fuerzas Armadas y la cooperación de la Policía. Se
abrió ese espacio oscuro y, a la vez heroico, que duró hasta
noviembre de 1984.
RECONQUISTA DE LA DEMOCRACIA POLÍTICA
El 1º de marzo último se cumplieron 20 años de la recuperación
democrática y del hundimiento de la dictadura en el mayor
descrédito.
Antes de la instancia comicial del ’84 el pueblo supo volcarse
en masa a las calles, para exigir un sistema de libertades
públicas, recrear el estado de derecho y alcanzar metas de
justicia social.
Figura relevante de este momento histórico hacia la libertad
fue la del radialista José Germán Araújo, electo senador,
expulsado y vuelto a elegir, por reiterado mandato popular en la
legislatura siguiente. La conjunción del pueblo uruguayo en esa
hora fue memorable. Una de sus naves insignia fue el Plenario
Intersindical de Trabajadores.
El Frente Amplio, tras el ostracismo de sus líderes, la muerte
de algunos, el asesinado de otros y la cárcel de muchísimos,
volvió a recrearse. Seregni fue el gran capitalizador de la
confianza mayoritaria y su conductor esclarecido. El mundo también
estaba cambiado su forma. Nuevas tendencias se acumulaban en el
seno de la fuerza política. Ahora se incorporaba el ala tupamara.
La renuncia de Seregni a la presidencia fue un aldabonazo
tremendo y, quizás, la lección que el maestro pudo dar a quienes
no estaban cumpliendo sus compromisos fundamentales.
El Frente ganó por tres veces la Intendencia de Montevideo y
transformó al departamento en una especie de fuerte inexpugnable.
Su vocación para el gobierno nacional se hizo creciente.
TIEMPO DEL NUEVO FRENTE AMPLIO
Los partidos hasta el momento gobernantes cayeron derrotados,
sin segunda vuelta, el 31 de octubre de 2004. Tabaré Vázquez
recibió entonces un formidable bautismo republicano, marcado por
las señales de la angustia popular y la esperanza de un cambio.
Un nuevo Frente Amplio, aliado a fuerzas afines, recibió la
confirmación no sólo por el acto de ajustar Vázquez la cinta
presidencial a su pecho, sino por haber sido destinatario del más
formidable baño popular de adhesión que la ciudadanía haya dado a
un gobernante electo en Uruguay.
Lo que ocurrió este primero de marzo ha roto los moldes de la
historia nacional.
Si todas las responsabilidades políticas y personales han sido
importantes desde 1985 para acá, ninguna más trascendente que esta
que está cargando sobre sus hombros el nuevo presidente de los
orientales. Él, en forma directa, más el elenco de funcionarios
que ha designado para cumplir las tareas del Estado y la plantilla
de legisladores electos, que por añadidura son mayoría absoluta
del Parlamento.
Confesó el presidente en su discurso en los jardines del
Palacio Legislativo que el Frente y sus aliados se sometieron a
“un proceso de actualización ideológica”,
elaborando las áreas del programa de gobierno en diálogo con la
sociedad.
33 años después de fundado, las mieles del triunfo electoral
permiten que una izquierda transformada, disfrute la delicia de un
instante mágico. Ahora, con un programa pragmático, que quiere
mirar hacia espacios de significación como el social, productivo,
innovador y otros. Y una actitud política, más bien aséptica,
apartada de cualquier noción ideológica.
¿SERÁ POSIBLE UNA NUEVA METODOLOGÍA?
El bautismo y la confirmación han pasado con sus fulgores. La
etapa actual será larga. Supone la acción de un elenco de nuevos
actores, algunos ya conocidos. Cuando el gobierno actúe podrá
verse el alcance y efectividad de sus proyectos y la forma en que
es capaz de sortear las corrientes de intereses adversos a un
consecuente plan de cambios. La calidad de un gobierno se debe
demostrar.
Recién estamos en la largada de un periplo que durará 5 años.
Uruguay profundizará su democracia y la cargará de contenidos
si la sociedad civil se dispone a ocupar espacios para tratar con
el gobierno y sus agentes los acuciantes temas comunitarios. Si
coadyuva en la gestión participando. Si ejerce su contralor. Si
estimula el correcto ejercicio de la función pública y acomete
contra los sempiternos omisos, los burócratas y discurseadores de
ocasión.
Si el gobierno es dúctil, utilizará su formidable aparato para
generar nuevos tipos de gestión, sirviéndose del potencial
transformador de la gente.
Esto enriquecería la democracia para que, además de formal -en
el sentido clásico- sea sustantiva, justiciera. |