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LA LUCHA CONTRA EL HAMBRE
Los terribles flagelos de la pobreza crónica y del hambre
constituyen la contracara de los poderes concentrados, desde cuyas
antesalas no han resultado audibles los clamores de una humanidad
desgarrada.
Recuerdo, a propósito, una vieja enseñanza política, que viene de
los albores del siglo pasado: “¿En nombre de qué moral sería
posible hablarle al tratante de blancas?”
La movilización de pueblos y gobiernos de distintas latitudes ha
puesto estas cuestiones y sus derivaciones en la agenda de las
urgencias. El impacto de este quehacer colectivo ha sido tan
grande que, en las antípodas del FSM, los gobiernos de las super-potencias
y los magnates de las multinacionales y del mundo financiero, han
hecho ciertos compromisos, con signos de algún interés social.
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Las
enseñanzas del científico brasileño Dr. José de Castro se
reinstalan en la lucha contra el hambre y la justicia social. |
Un insigne brasileño, el Dr. Josué de Castro (1908-1973), quien a
su condición de médico incorporó la de sociólogo, antropólogo,
geógrafo, filósofo, sentenció por los años 60 que “la tierra
de los hombres ha sido hasta ahora la tierra del hambre”.
El pernanbucano, a partir de la realidad del nordeste de Brasil,
volcado al análisis de la realidad mundial, entendió que “el
hambre colectiva es, ante todo, un fenómeno social”.
Suya también es la noción de que “jamás se llegará a la
paz con un mundo dividido entre la abundancia y la miseria”.
Justamente, desplegando una faja, recordatoria de este aserto,
una gran columna del Centro “Josué de Castro” marchaba con la
multitud en el desfile inaugural del foro de las nacionalidades.
El pensamiento científico de J. de Castro fue parte de su misma
acción reivindicatoria, lo que en años de dictadura (1964) le
valió el exilio.
A la vuelta de la historia, el tema está sentado a la mesa. El
Foro Económico Mundial (Davos) no lo pudo soslayar. El Presidente
Lula da Silva ha promovido medidas y negociaciones.
Entre las actoras del FSM se ha destacado Actionaid-Brasil,
entidad que trabaja en 10 estados de la federación y en unos 50
países.
Aborda ítems inherentes a la seguridad alimentaria, derecho a la
educación, democratización del acceso a los servicios de salud y a
la gobernabilidad (participación ciudadana), relaciones de raza,
equidad de género, defensa de los derechos de la ciudad.
La entidad denuncia que empresas transnacionales de alimentos y
productos agrícolas están amenazando los derechos de los
agricultores pobres y de las comunidades rurales en los países que
buscan desarrollarse.
Manifiesta que “gigantes de los alimentos, tales como Monsanto,
Parmalat, Unilever, Nestlé y Asda Wal-Mart, asumieron el control
de la cadena alimentaria global”. Con estas características:
“6 empresas controlan más de tres cuartos del mercado global de
pesticidas; 5 corporaciones controlan el 90% del comercio mundial
de granos”. En el Reino Unido “4 compañías detentan el 75%
del comercio minorista”.
Señala, en lo que puede ser un alerta para los gobiernos que han
asumido en el sur continental, que “las inversiones de las
compañías transnacionales pueden traer beneficios, aunque se
necesitan reglamentaciones para asegurar que esas empresas
respeten los derechos de los pequeños agricultores y comunidades
con que trabajan”.
Actionaid y sus filiales (www.actionaid.org.br)
abogan por la reforma de los mercados internacionales de
alimentos.
Como para que la multinacional Cargill, no se ufane más con esta
tentacular consigna comercial: “Somos harina del trigo, trigo
de su fideo, sal de sus papas fritas. Somos el algodón de su ropa,
el reverso de su tapete y el fertilizante de su plantación”. |