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UN DEBATE EN CALIENTE: LOS TRANSGÉNICOS
Cuando nos referimos a “los transgénicos” aludimos a organismos
vegetales o animales cuya dotación genética ha sido alterada por
la mano del hombre. La operación consiste en una modificación
estructural, en función de la cual una especie viva recibe un gen
distinto al de su conformación, el que es heredado por los
descendientes. Basta inyectar el gen visitante en el cromosoma,
para asegurar que las células del organismo adulto resultante
hagan su registro y las reproduzcan en las generaciones
siguientes.
¿Cuáles pueden ser los efectos de estos procedimientos? ¿El uso
de las especies transformadas debe ser libre, regulado o
prohibido? ¿Cuáles son las implicancias religiosas y/o éticas;
cuáles las científicas y económicas?
Se trata de una polémica al rojo vivo, la que se mostró con
verdadero vigor en el curso de los debates del V Foro. Es un
asunto que concierne a los países con producción agrícola y, muy
de cerca, en América del Sur a Brasil, Argentina y Uruguay,
individualmente, y a la región, como un todo. Por ahora, el otrora
llamado “reino animal”, no está en el foco.
Entremos en materia. Desde la más remota antigüedad los pueblos
agricultores seleccionaron las semillas, valorando porte,
adaptabilidad y rendimiento.
El reexamen de los manuscritos científicos de Mendel -en 1900-,
los estudios de Morgan y sus discípulos, fundaron la genética, que
no ha parado de desarrollarse con nuevas y fundamentales
conquistas.
Las técnicas, como las de selección -antes indicada-,
hibridación, mutación, etc. no acarrearon la convulsión que, a
partir de los años 90 del siglo XX, produjo la revolución
transgénica.
“Dios colocó al hombre en su jardín para cultivarlo y cuidarlo”
(Biblia - Génesis 2). Para los religiosos ortodoxos es como una
moderna herejía alterar el plan preestablecido, dándole a los
cromosomas una dimensión distinta a la conocida.
Para un científico, en cambio, es plausible reestructurar las
características de una planta (o una especie animal) para hacerla
resistente a una enfermedad.
La Ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, convertida
al protestantismo, cuya infancia la vivió en trabajos agrarios del
látex y fue fundadora de la Central Única de Trabajadores y del
partido PT, razonó sobre la pragmática bíblica en forma abierta.
Manifestó: -“No influyó. Desde que antes de mi conversión
tenía posición asumida”. “Justifica el compromiso ante dios de
cuidar la naturaleza”.
A la pregunta de que le han atribuido estar contra las
alteraciones genéticas ha dicho: -“No estoy contra los
transgénicos. Es gracioso. Cuando uno dice que no conoce los
riesgos y dice que es preciso tener algún cuidado, alguna
protección, afirman que uno está en contra. Ser cauteloso no
significa estar opuesto”. Y remata: -“Es como si uno le dice a su
hijo que puede jugar afuera, pero que no lo haga en medio de la
calle, que lo puede atropellar un auto”. -“Al considerar una
ley de bioseguridad no debemos tratar sólo la soja, sino además
otros organismos genéticamente modificados, donde entran el maíz,
el algodón, etc.”
Desde hace bastante tiempo, la comunidad científica ha admitido
que la técnica conducente a la alteración genética de los
vegetales puede llevar a la desaparición de las cepas naturales.
Este riesgo exigiría un contralor casi inalcanzable si el polen se
libera al medio y realiza la fecundación de especies silvestres.
Apenas nos hemos introducido en el mundo de respuestas que
llegaron al proscenio portoalegrense al terminar enero.
Si tiene urgencia en saciar su interés por esta materia, la
sugerencia es entrar en
www.aepet.org.br
, sitio de la Asociación de Ingenieros de Petrobrás o conectarse
con la información del Gobierno del Estado de Paraná – BR, a
través del correo electrónico
sojadoparana@seab.pr.gov.br
Por nuestra parte, abordaremos los fundamentos manejados por
ambos sectores en próximas notas. |