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DECÁLOGO SOBRE EL CONSUMO DE
TRANSGÉNICOS
Los
movimientos ambientalistas y numerosas entidades profesionales
desaconsejan el empleo de productos transgénicos, en especial, en
la alimentación humana.
Los ensayos
científicos corroboran las hipótesis acerca de la transformación
de múltiples especies, con la finalidad de producir plantas libres
de enfermedades, con las que el hombre ha trabado lucha desde la
antigüedad
A partir de
estos éxitos, los investigadores se han aproximado a otros
umbrales: los relativos a las consecuencias de esos logros, sea
para las especies transformadas o modificadas. Las interrogantes
giran en torno de los eventuales efectos a desencadenarse en la
naturaleza y, lo que no es menor, qué modo los alimentos de este
origen pueden gravitar sobre la salud humana.
A este
capítulo de incertidumbres razonables, se agrega otro. Gravoso,
por esencia. La obtención de patentes por los consorcios que
desarrollan especies alteradas en sus genes, con el cobro de
“royalties” a los usuarios. Y, anexado al mismo, la provisión de
sustancias químicas que, en el caso de las plantas, atan al
productor a determinados insumos.
En el curso
de V Foro, en Porto Alegre, activistas de “Greenpeace”, una vez
más, ligaron este paquete de asuntos a la multinacional “Monsanto”.
A su vez,
la Asociación de Ingenieros de “Petrobrás” -la petrolera estatal
de Brasil-, difundió un decálogo contra el empleo de transgénicos,
que traducimos para nuestros lectores:
“1) No existe ninguna seguridad sobre
sus efectos sobre la salud de las personas que los consuman; 2)
Tampoco sobre el medio ambiente, ya que estos nuevos seres vivos
no existieron antes en la naturaleza y resultan de experiencias de
laboratorio; 3) No hay ninguna seguridad sobre los efectos en la
salud de los agricultores que manejan tales semillas y sus
productos; 4) Las investigaciones en semillas y productos
transgénicos de las empresas apuntan al aumento de sus tasas
lucrativas y no a mejorar el bienestar de la población; 5) Aunque
los métodos biotecnológicos puedan ser beneficiosos, no existen
pruebas concretas de que las semillas transgénicas, por sí solas,
sean más productivas y más adecuadas a la protección de la
naturaleza que las semillas mejoradas; 6) Casi el 97% de las
semillas transgénicas existentes en el mercado tienen su empleo y
productividad asociadas a agrotóxicos, herbicidas, insecticidas y
similares; 7) Muchas semillas transgénicas poseen el factor
“terminator” que las esteriliza para la reutilización de sus
frutos como semillas, obligando a los agricultores a comprarlas
para cada zafra, quedando dependientes de la proveedora; 8) El
dominio de la biotecnología y los transgénicos están conduciendo a
un proceso de control oligopólico de las semillas en el mundo, en
un grupo de unas 8 grandes empresas; 9) Los agricultores y los
gobiernos perderán el control de empleo de las semillas y quedarán
dependientes de empresas multinacionales, perdiendo completamente
la soberanía, 10) Es posible disponer de semillas y alimentos
sanos en gran cantidad para la población mundial respetando el
medio ambiente, practicando una agricultura limpia, no dependiente
de transgénicos. El hambre existente en el mundo y en Brasil no es
consecuencia de la falta de alimentos, sí de un modelo económico
concentrador de la renta y la riqueza, que impide a las personas
disponer de los alimentos necesarios para una vida plena.” (AEPET
puede verse en el portal
www.aepet.org.br
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