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Deuda, da para hablar
El endeudamiento acumulado por Uruguay en su último medio siglo ha
sido fantástico. Este proceso comenzó a adquirir vigencia desde
1959, año en que las puertas fueron abiertas para los organismos
multilaterales de crédito. Su punto de inflexión concreto fue la
adopción de la Reforma Cambiaria y Monetaria, capitaneada por el
ministro de Hacienda de la época, Cr. Luis Eduardo Azzini.
La deuda a nuestros días equivale al producto que genera el país.
Se escalona con quiebres de todo tipo.
Algo más de 2.900 millones de dólares es la deuda de corto plazo,
medida a un año. Las reservas del Banco Central alcanzan apenas a
789 millones de dólares, no contándose el encaje que corresponde
al sistema financiero. Esta deuda iguala al Producto Bruto Interno
(lo que el país produce) y, como puede deducirse, cuadriplica las
carcomidas reservas. También, perdimos “las joyas de la abuela”.
El oro se esfumó…
Es necesario recordar en qué punto estamos, por más que haya sido
dicho muchas veces. Entre el 30 y el 40% de la población está por
debajo de la línea de pobreza.
Si tantas veces hemos levantado el apotegma de José Martí para
concordar en que “la esperanza del mundo son los niños”
¿qué debemos estar preguntándonos, a nosotros y a los hombres
públicos que hemos elegido para gestionar el país -sean unos del
gobierno, sean otros de partidos adversarios-, cuando el
porcentaje de menores pobres de 6 años oscila entre el 56% - 66%,
según cuales sean las tablas de medición empleadas?
¿Cuáles han sido los beneficios del endeudamiento externo y, aún
del interno?
Si la economía se derrumbó y la población no tuvo aliento ¿cómo
fue que se canalizaron estos dineros y hacia quiénes? La “plata”,
el oro” o los dólares no tienen la propiedad de evaporarse. El
dinero es un bien muy móvil. Pasa de unas manos a otras y termina
depositándose en cuentas o cofres nacionales o se lo traspasa al
exterior.
En estas horas ha de celebrarse un foro en la sede del Poder
Legislativo, auspiciado por entidades diversas, destinado a
examinar este asunto.
Sobre el tapete se han colocado interrogantes como éstas:
¿Quiénes contrajeron los empréstitos? ¿Quiénes otorgaron los
préstamos y bajo qué condiciones? ¿En qué se invirtieron los
dineros que hoy componen el endeudamiento? ¿Cómo han sido
gestionados? ¿Qué dicen los estudios de viabilidad de los
préstamos? ¿En qué documentos constan los empréstitos públicos?
¿Cuál es el monto de los pagos ya efectuados? ¿Qué deudas fueron
contraídas por sucursales de multinacionales o de bancos con aval
del Estado? ¿Qué deudas privadas fueron transferidas a la carga
del erario público?
Una de las ideas pivot manejadas por el núcleo organizador es
promover una Auditoría Ciudadana de la Deuda. Y, a partir de las
verificaciones a que se llegue, ensayar propuestas relativas a qué
pagar, cómo pagar y en qué tiempo llevarlo a cabo. Cumpliendo lo
que estrictamente corresponda, en función de la capacidad del país
y atendiendo, en primerísimo lugar, las necesidades perentorias y
una reconversión productiva generadora de bienestar colectivo. Si
los signos de la economía se ecuacionan para un desarrollo social
de signo artiguista, no sólo pagaremos -lo que deba pagarse-, sino
que no habrá que endeudarse tirando el pesado fardo a las
generaciones venideras.
Es buena cosa oir las campanas que tañen desde la opinión
pública. Este encuentro dará tema para una conversación necesaria
y seria. En lo ético y en lo político. |