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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

LA CARRERA ADMINISTRATIVA

Escribe Walter Ernesto Celina*

La consideración del Presupuesto Quinquenal de la Administración Central, del Poder Judicial y de varios órganos de gestión descentralizada y autonómica, que van desde la educación hasta el Tribunal de lo Contencioso Administrativo, Corte Electoral y Tribunal de Cuentas de la República, etc., da idea del papel regulador de esta herramienta para la gestión del Estado.

El Presupuesto por Programas es, en teoría, una forma de prever y de orientar la labor estatal en los más diversos órdenes de sus actividades. La definición de objetivos y los pasos hacia sus logros precisan ser ejecutados por administradores serios, experimentados, profesionalizados.

Para ello existe la carrera civil, mecanismo de rango constitucional que preserva los derechos del personal, en función de su idoneidad y de una evolución razonable dentro de los escalafones respectivos.

Es lo que muy juiciosamente he visto plantear en los medios televisivos  a delegadas sindicales de las dependencias de la Aduana. Y, lo que ha sido su manifestación particular, no puede sino entenderse como la necesaria llave que, en forma urgente, abra los caminos para la jerarquización del trabajo en toda la administración pública.

Citaré algunas experiencias pasadas, de carácter aleccionador. En los años 54 hubo un congreso que, con apoyo de las Naciones Unidas, permitió evaluar las deficiencias del aparato estatal. La Facultad de Ciencias Económicas analizó después el caos escalafonario y las disparidades en retribuciones y beneficios en el poder central. El Cr. Juan Eduardo Azzini   -introductor de la nefasta reforma Cambiaria y Monetaria de 1959- no ha sido recordado por su mérito principal: en el presupuesto de 1960 reordenó -basado en criterios técnicos generales- aquel pendemoniun de escalafones. Finalmente, se daba un giro al sistema de planillas donde los cargos se movían con sus titulares, tocados por la varita mágica de los legisladores, oficiando de padrinos… Sobre  1966  la Reforma Constitucional trajo los PPP (presupuestos por programas) y se creó el Servicio Civil, con un sistema que abría las puertas a la iniciativa de los funcionarios para defender sus derechos y mejorar la administración. Luego, la dictadura vino para alterar todo.

Reingresados a la democracia los progresos anteriores estaban deformados, los gremios habían perdido cuadros experimentados y aparecieron nuevas prácticas distorsionantes.  Las declaraciones de personal excedentario intercalaron personal con otras especializaciones en las pirámides funcionales; comenzaron a realizarse contrataciones de funcionarios jubilados y a atribuírseles funciones de confianza política en perjuicio de las técnicas. Por otro lado, se comenzó a contraer préstamos en el exterior para financiar retiros incentivados. Se perdían cuadros calificados, en tanto otros empleados competentes eran desalentados al ser desplazados por los traídos con el dedo. Peor aún, con cargo a contratos con deuda externa se inventaron puestos -con bolsas suculentas- para amigos, hijos y parientes de miembros de la “clase” política.

A todo esto, desde 1960, los listados del personal político y de particular confianza, se iban ensanchando, más y más.

Un Presidente de la República le dijo a un grupo sindical: “Uds. hagan como que trabajan, que yo hago como que les pago”.

Los funcionarios, reza la Constitución, “están al servicio de la nación y no de una fracción política”, por lo que ampliar las listas de los cargos de confianza no puede menos que asociarse a un despropósito racional, a un apetito patológico o, a no tener ideas de cómo poner al Estado sobre sus pies, para que camine.

Existe la reiterada preocupación por la inamovilidad de los funcionarios de carrera, como si fuera la fuente de los males de la administración. El no arrojar discrecionalmente para la calle a un trabajador no es otra cosa que una garantía contra  los pechazos de los gobiernos de turno.

No  es cierto que no haya posibilidad de sancionar a quien no cumple o no sirve. La destitución puede darse por causales claras de “ineptitud, omisión o delito”, previa garantía constitucional de sumario en orden, vista y posibilidad del ejercicio de defensa. Si al incurso en cualquiera de las tres figuras anteriores no se le sanciona, el problema no es del empleado: recae únicamente en la falta de capacidad del jerarca del servicio, en el ministro del ramo o en el directorio de que se trate, etc., es decir, en quien ha sido puesto para gobernar y controlar, para ejercer un mandato.

En 1960 fui recibido en el Consejo Nacional de Gobierno por el Esc. Faustino Harrison. Vivía este hombre la algarabía de la “reforma” que mostraba en sus escaparates el FMI. Me dijo: “El desideratum de la administración son los puestos por contrato”. Igual que desde hace un tiempo se viene escuchando. ¿Para abrir el paso a los supuestos inversores-benefactores hay que rebajar los derechos de los funcionarios públicos?

 Existe un coro que repite su letanía: No más presupuestados. Cuanto menos carrera administrativa, mejor. Algunos piensan que es óptimo tener al personal agarrado de las barbas, con contratos precarios, inestabilidad y ningún derecho al ascenso reglado. Pero, esto lesiona una buena administración. Alumnos aplicados hacen prédica queriendo conjugar el verbo de la ganancia cómoda para terceros, eliminando conquistas históricas para hacer más vulnerable al asalariado. Estamos hablando de algo así como del “¡Use. Después, tire!”. Tratan de imponer una administración “a destajo”, poblada de contratos y contratitos. De obrar con las manos libres, para que la pirámide de los méritos y las capacidades quede como un recuerdo. Y se enseñoree la voluntad unilateral de ciertos jerarcas. Malo, malo. Tales voces no proporcionan una señal reconfortante.

Hay que reaccionar e impulsar la carrera administrativa, revolucionando la operativa de un Estado que sea menos de lo que es y más de lo que todos queremos.

Tutelar los derechos de los trabajadores nunca podrá mirarse como una culpa, sino como una señal de una sociedad más justa, reordenándose para crecer.-

*Fundador  de las Mesas Unificadoras de funcionarios del Estado, de COFE y CNT.

Ex Secretario parlamentario, asesor en legislación laboral y presupuestal.

Walter Celina - Octubre de 2005  waltercelina@hotmail.com


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