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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

UNA HISTORIA DE CAMPO ADENTRO

LOS BAILES Y “EL PERICÓN”

Roberto Bouton, médico del ámbito rural, llevaba la ciencia al campo no sólo para asistir en la enfermedad. Tras sus visitas médicas, retornaba a la pequeña Santa Clara del Olimar para estampar en su libretón de apuntes las observaciones que el medio le ofrecía.  Sentía la inquietud de retratar las costumbres de esta parte de la civilización, apartada de los centros urbanos.

Existen una serie de notas sobre cómo eran allá, por la primera década del siglo XX, los esparcimientos y, en especial, los bailes.

En una de sus anotaciones precisa: “Motivos para bailar siempre sobran en el campo. Se bailaba para festejar un cumpleaños, una casorio, una yerra o una trilla, etc., y…hasta se bailaba en los velorios de los angelitos.

En las casas donde había unas cuantas mozas, se improvisaban bailes a la llegada de forasteros o de mozos del pago que fueran de visita. (…)

En los bailes grandes las cosas se hacían ya con esmero y cierto lujo de detalles.

El rancho era adornado. El piso, de ser de tierra, que era lo general,  se emparejaba y apisonaba con cupí, cuando no se alfombraba con arpillera. Las paredes bien blanqueadas, adornadas con oleografías o retratos con marcos dorados, algún almanaque regalo del pulpero. (…)

Del baile salían los compromisos, las esperanzas de amor o promesas de correspondencia.

Los bailes duraban toda la noche, cuando no dos o tres con sus correspondientes días. Pocos eran los momentos de descanso; de vez en cuando se pedía hacer un “alto” (orden que daba el bastonero) para regar con una ligera salmuera el piso a fin de aplacar el polvo que se levantaba como una nube.

Aprovechaban el momento ese y mientras se oreaba el piso, para sacar bandejas con masas, caramelos, pastelitos. El chocolate se servía a las 12, después de haber bailado el Pericón Nacional.

Era costumbre que en la sala se sentaran las mozas a un lado y los mozos a otro. La conquista de la prenda se hacía en las prolongadas danzas y en las polcas seguidoras, que era cuando los indios aprovechaban para cargar, descubriéndose en los versos de las polcas con rueda, quienes se habían convencido. (…)

Mientras en la sala la juventud se divertía, en una pieza y aún mismo en la cocina, los viejos, que habían ido acompañando a sus hijas, se reunían y pasaban la noche jugando al truco.

Recuerda el Dr. Roberto Bouton que “El Pericón” “es genuinamente oriental”. Su música “es de tres tiempos y el valsear lento”.

Agrega: “El caballero sale con el pie izquierdo: en el primer tiempo, da un paso hacia adelante; en el segundo lleva el pie derecho detrás del izquierdo, apoyando la punta en el suelo; en el tercero da con el pie izquierdo otro paso hacia delante. Debe haber dos filas en el cuadro, cada una del mismo número de parejas. (…)”.

Retornando a las cortesías y picardías contenidas en los recitados de las parejas en esta danza vernácula, el  médico que nos trasmite las referencias de nuestro pasado,  cita cuartetas de relaciones.

Esta es una: “-¡Señorita, quieramé/ que pa’usté es una pichincha,/ que yo soy pal trabajo/ como burro pa la cincha!

-Nunca creiba de que un burro/ gustara tropiar amores;/ busque una burra bien gorda/¡ y adórnela con sus flores!”.

Walter Celina - Diciembre de 2005  waltercelina@hotmail.com


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