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UNA
HISTORIA DE CAMPO ADENTRO
NOTA INTRODUCTORIA
En el correr de los años 60, un entrañable amigo, el Diputado Dr.
Edmundo Soares Netto, llegó a mi oficina del Poder Legislativo
acompañado por un catedrático de la Facultad de Medicina de justo
renombre: el Dr. Jorge Bouton. En una conversación cruzada, muy
afable, hablamos de nuestros orígenes y aquel intercambio giró
hacia el campo.
Unos minutos antes, el Diputado Luis Pedro Bonavita, escritor y
periodista y cuñado de Paco Espínola, se había despedido con un
abrazo de otro escritor: Mario Arregui.
Este puñado de hombres condensaba esencias muy uruguayas,
recreadas en la literatura, la ciencia, el derecho, el
accionamiento parlamentario y en su interés por la vida del
habitante de chacras y estancias.
La conversación quedó instalada, de pronto, sobre una publicación
que personalmente había conocido por la divulgación efectuada por
el historiador Juan E. Pivel Devoto: me refiero a un registro
singular, desarrollado por el médico rural Roberto Bouton.
Ahora, tenía ante mi un familiar, también hombre de la cultura
médica.
Por esos días, una de las personalidades parlamentarias que más
honda huella dejó en las luchas políticas y legislativas de
Uruguay, el Diputado Rodney Arismendi, habia elaborado sus tesis
para la formación de un frente político transformador en el país y
América Latina. Y no eludía, precisamente, la consideración de las
cuestiones agrarias, con la impronta que le dejara la colonización
hispano-portuguesa.
Conocer las raíces culturales, los remanentes históricos que
arrastraba la sociedad moderna y la situación de la tierra, eran
preocupaciones sustanciales.
Las prolijas anotaciones de Bouton contribuían a enriquecer la
visión de la sociedad campera, como quien toma fotos o estratos
del tiempo. Todo sumaba para la mejor interpretación de los
“porqué”, que la ciencia política debe buscar para explicar
ciertos fenómenos actuales y redirigir los acontecimientos.
Bueno es decir que, unos y otros, teníamos tiempos, experiencias y
orígenes distintos. Coincidíamos en que debíamos armonizar el
conocimiento de nuestra identidad con otras nociones históricas,
americanas y universales, sin excluir ciertas premisas
filosóficas.
Lo de Bouton resultaba fascinante, como cualquiera de las
aportaciones realizadas por los aquí reunidos circunstancialmente.
El médico vivió en Florida y largo tiempo estuvo radicado en Santa
Clara del Olimar. Recorrió las viviendas del medio agrario y
asistió cientos de pacientes. Dialogaba, pedía explicaciones sobre
costumbres, hechos, modalidades, creencias y llevaba todo a una
libreta. La carrera de sociología no estaba implantada en las
universidades. Sólo que él trabajaba como un científico para un
laboratorio social.
Muchísimos elementos criollos del siglo XIX o, aún de antes,
estaban en su muestrario.
Diré, finalmente, que aquel diálogo con su pariente Roberto Bouton,
fue altamente refrescante. El profesor universitario aspiraba
publicar en un libro autónomo lo que Pivel Devoto había ofrecido,
años antes, en la Revista Histórica.
Cuando la ciudad avanza sobre el medio agrario captando a sus
habitantes, podrán parecer extrañas algunas cosas que el viejo
Bouton nos ha de trasladar. Nos llevará a una tierra menos
conocida, que aún late.
Por ahí discurrirán los apuntes venideros. |