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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

EL CIUDADANO “CAFUNÉ”

   El sensible pensador y dramaturgo alemán Berthold Brech realizó una definición antológica de las cualidades humanas que se asocian al progreso.

   Sostuvo que “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan  muchos años y son muy buenos. Pero están los que luchan toda la vida. Esos son los imprescindibles”.

   Individuos extraordinarios de esta estirpe surgen en todas las comunidades y viven junto a nosotros.

   A veces hasta parecería que la humildad de los personajes pudiera diluirlos en la masa. En otras, el prejuicio -tan asociado a las condiciones de fortuna- presume el olvido de los que más valen. Sin embargo, a la postre, la opinión de los más justos va poniendo las cosas en su lugar, hasta hacer del reconocimiento algo espontáneo, no buscado o artificial.

   Este preámbulo viene al caso para citar  al gran vecino de esta frontera, Don Edison Douglas Mendes, “Cafuné”.

   Nacido setenta años atrás en la región costera, transitó parte de su infancia con su familia en proximidades del Arroyo Chuy.

   Desde ese tiempo aprendió a amar la naturaleza, la que le ofreció las bellezas de los montes nativos, el conocimiento de la fauna y la flora autóctona, el remanso de las entonces cristalinas aguas del arroyo y, en oportunidades, el pescado venido para atender necesidades perentorias.

   Observador inquieto, cursó estudios primarios de la mejor forma en que pudo. Desde mozo ejercitó oficios para ganar con honestidad el sustento propio y el de los suyos. Creció como un árbol que no niega sus frutos.

   Ha sido un insigne defensor del medio ambiente. Él ha enseñado a conjugar en la frontera el verbo del respeto a la naturaleza y, seguramente, es el hombre que más ha hecho por ella en la región.

   En tiempos en que podía considerarse locura, recorrió como ambientalista el curso del arroyo y, kilómetros adentro, solo, documentó desvíos y tomas de agua ilegales hacia campos de particulares, vertimientos peligrosos, sin importarse por el riesgo de su vida.

   Llamó a responsabilidad a las autoridades omisas y complacientes, formuló denuncias, creó el Grupo Bosque, hizo flamear su bandera en el arroyo binacional. Sus acciones cobraron entidad y, allí comienza una historia de reivindicaciones que debe tener continuidad en el esfuerzo de otros ciudadanos.

   Entidades diversas han convocado a Don Edison Douglas Mendes para testimoniarle aprecio por su obra pionera.

   Enamorado de su tierra, este fraterno ciudadano ha buscado la hospitalidad uruguaya -desde hace unos meses- para residir, luego de acogerse al retiro laboral.

   Sin embargo, vuelve mes a mes, para continuar su siembra de futuro. Desde luego, ahora no lo veremos organizando y manteniendo los jardines públicos en el área internacional, con atuendo blanco de trabajador manual. Pero permanece con su sonrisa bonachona y su voz cascada de orador por las mejores causas públicas y la amistad uruguayo-brasileña.

   De este hombre se hablará necesariamente en las escuelas y en las demás formaciones educativas.

   Es de la talla de los imprescindibles de una sociedad, a los que aludía Brech.

   Pertenece a la “aristocracia imprescindible” de la que habló José Enrique Rodó cuando valoró el trabajo humano, elevando a ese sitial único al obrero, al que construye, al que realiza siendo capaz de proyectarse en los demás.

   Le pregunté un día a este actor cuál era el sentido de la palabra “Cafuné”. Me contestó con voz dulce:

-El que recibe una caricia en la cabeza…

   Sí. Edison Douglas Mendes es la estatua del hombre vivo, acariciado por la memoria de su pueblo.

   Con todas la letras, un gran ciudadano.

Walter Celina - Marzo de 2005  waltercelina@hotmail.com


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