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Los sucesos más relevantes de la región fronteriza, desde la óptica del interés público.

¿ADIÓS A LAS ARMAS?

   En tanto los analistas de la situación brasileña discuten sobre si la crisis política es también institucional y cuál podría ser su alcance, el Congreso ha dicho que la vida continúa y ha puesto sobre el tapete uno de los aspectos del denominado Estatuto del Desarme Civil.

   Se trata, ni más ni menos, que de la ley que entrara en vigencia en diciembre del 2003, sobre porte de armas por los ciudadanos.

   Su texto previó la posibilidad de efectuar una consulta al electorado y, sobre esto recaerá el comentario.

   El Congreso acaba de disponer un referendo de ratificación, que decidirá sobre la cuestión siguiente: ¿El comercio de armas de fuego y municiones debe ser prohibido en Brasil?

   A la respuesta mayoritaria de”, quedará interdictada la comercialización. Si las urnas dijeran NO”, la venta se liberará, aunque bajo las condiciones del estatuto antes indicado. Dispone comprobar la necesidad de porte, tener idoneidad para su uso, presentar declaraciones varias de buenos antecedentes, poseer empleo y haber cumplido 25 años de edad.

   Los fallecimientos por armas de fuego, de los 10 últimos años en Brasil, son escalofriantes. Superan a las víctimas de 26 conflictos armados en el mundo, entre ellos, la Guerra del Golfo, la lucha entre israelíes y palestinos y las de fracciones en Irlanda del Norte. 325.500 muertos. En la década, el promedio anual es pues, de 32.500 occisos.

   En menos de un año la Policía Federal ha decomisado 338.300 armas, las que son destruidas por aplanamiento de máquinas pesadas.

   La consulta popular tendrá lugar el 23 de octubre venidero. Costará entre 400 y 500 millones de reales (de 4.000 a 5.000 millones de pesos uruguayos).

   El sistema de radios y televisión deberá ofrecer a los parlamentarios espacios iguales para abogar a favor o en contra de la iniciativa. Dentro de tales reservas, podrán ser incluidas facultativamente las posiciones de organizaciones no gubernamentales y sociales.

   Para unos, la prohibición estimulará el comercio clandestino de armas y podría ser peor que un control regulado. ¿Existiría esta posibilidad?

   Para los otros, disponer de armas alienta resolver los conflictos internos por una vía que incrementa la mortalidad. Disponer de este medio estimularía su mayor uso. ¿Quiénes las usarían entonces?

   Algunos sostienen: los delincuentes para sus fechorías. Y les replican: a más gente armada, más muertos.

   El debate y el procedimiento para decidir -por consulta a la gente- bien podría trasladarse a las sociedades latinoamericanas.

   Hoy es verificable cómo crece la violencia en espiral. Se advierte la insuficiencia -y la cuestionable eficiencia- de la seguridad pública. Se  comprueba cómo las personas se abroquelan y apelan a las armas, especialmente de fuego.

   Existe, a ojos vista, impotencia ante el avance del crimen. La cultura de la destrucción gana espacio y los más están a expensas de los menos. Algo funciona mal, muy mal.

   Es buena cosa que cada país se mire en su espejo y que la experiencia ajena ayude a extraer la propia.

   Lo que hace Brasil en la materia es buena cosa. Instala el asunto en el medio social, lo que equivale a iluminarlo desde todos los ángulos posibles. Es un camino idóneo.

   La etiología de la violencia y el crimen tienen orígenes múltiples y, desde múltiples frentes, debe ser atacado. Para esto es menester alcanzar convergencias y estados de conciencia por los que hay que  continuar bregando.

Walter Celina - Agosto de 2005  waltercelina@hotmail.com


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