|
De las recientes elecciones en Uruguay, quedaron como
saldo muchas cosas. La inédita presencia izquierdista al
frente del próximo Gobierno y el desafío de convivir con
las divergencias internas de una colectividad que buscó
este momento por treinta años. Es obvio suponer que ya
gobernar será todo un desafío para quien siempre fue
oposición, pero también lo será demostrar que hay la
suficiente madurez para llevar el barco adelante cuando
hay tantos remeros que en realidad, “son barcos dentro del
barco”.
Los frenteamplistas del exterior o al menos los que he
tenido oportunidad de consultar, tienen en esa
posibilidad su gran temor. La trascendencia mediática que
tuvo y tiene la aspiración del MPP de colocar “su
candidato” a la Intendencia de Montevideo, ha contribuido
a mostrar que los temores, al parecer, no eran infundados.
Pero todas son teorías, es “en el ruedo que se verán los
caballos” y el Frente Amplio recién comenzó su transición,
así que se les debe otorgar la cuota de esperanza que
todos tenemos en que sea el suyo un gran gobierno.
A quienes vivimos en el exterior nos sorprende la debacle
colorada, aunque más que debacle suena a ‘voto castigo’.
El Partido Nacional salió fortalecido pese a no alcanzar
el balotaje y la percepción que en el exterior los
electores tienen, es que la lógica renovación de
dirigentes e ideas, ya comenzó y eso es saludable.
Hay razones para este comienzo, citando a los uruguayos
que miran el partido de lejos o gracias a Internet. El
factible advenimiento del voto consular, aceptado o
rechazado, nos está colocando a todos en la cancha. Y no
somos pocos. La diáspora uruguaya, con sus 300 o 400 mil
almas seguramente será razón de discusiones
parlamentarias entre quienes impulsan o rechazan nuestra
participación como electores.
Considero que los uruguayos residentes en el extranjero
hoy tienen un derecho a participar que antes no tenían. Y
por paradoja, es Internet la herramienta que nos brinda
ese derecho. Antes de la explosión tecnológica, los
uruguayos que emigraron estaban condenados a vincularse al
país mediante esporádicas cartas que con un poco de suerte
demoraban un mes en llegar o las nada baratas llamadas
telefónicas con sus demoras, interrupciones, etc.
Hoy, parece que emigramos sin haber salido del país,
principalmente debido a Internet, pero también gracias a
la TV y las comunicaciones satelitales. Pero eso no es
todo, Internet ha propiciado otras cosas que son el
mejor argumento para reclamar nuestro derecho a participar
votando desde cualquier lugar del mundo.
Vivir en países extranjeros hoy para nada es impedimento
de invertir o simplemente gastar dinero en Uruguay. Las
grandes o pequeñas inmobiliarias del Uruguay tienen su
sitio en Internet ofreciendo y vendiendo propiedades a
los “extranjeros” uruguayos. Las radios (El Espectador),
los diarios o semanarios (El País, el Observador, Brecha )
venden los accesos a sus páginas, los canales de
televisión (VTV) venden suscripciones online para acceder
a su programación en directo, grandes tiendas (Tienda
Inglesa) venden productos uruguayos a todo el mundo por
Internet. Pero esto no es todo, de acuerdo con las
tendencias a futuro, las remesas de dinero que los
emigrantes envían a sus familiares en Uruguay serán uno de
los principales rubros de ingreso de dinero a la nación.
En resumen, los uruguayos en el extranjero ya no somos
“tan extranjeros” y el voto es el más elemental de los
derechos que nos debe brindar una sociedad democrática
como la nuestra.
Hay países como Venezuela, Colombia o República
Dominicana donde este derecho está hace mucho tiempo
instaurado. Estados Unidos brinda el mismo derecho, los
llamados “votos ausentes” y países como El Salvador o
México ya trabajan en instaurarlo basados en el papel de
sus emigrantes. A modo de ejemplo, el dinero que
anualmente ingresa a México por concepto de remesas, es
hoy el primer rubro, mayor incluso que las ganancias que
genera el petróleo y en El Salvador cada año los
emigrantes envían mas de dos mil quinientos millones de
dólares.
He leído en varios medios de prensa, muchas críticas al
papel que en esta elección tuvieron los uruguayos que
regresaron a votar, especialmente en el obvio razonamiento
de que el porcentaje alcanzado por el ganador, se debe a
esa circunstancia.
Es posible que todos los que regresaron hayan sido
frenteamplistas o es posible que no. No tengo elementos
para afirmar ni una cosa ni la otra. Pero si tengo
argumentos para señalar que todos los que regresaron
tenían tanto derecho a votar como también lo tenemos los
que no regresamos a votar. Y también insisto en que es
este medio, por el cual me estoy comunicando con ustedes,
el mayor argumento de nuestro reclamo.
Hasta la próxima. |