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La experiencia de gobiernos militares en América Latina y diría que en
cualquier parte del mundo tienen algo en común: ‘han sido un desastre’.
Desastre especialmente por lo que dejaron a su paso, económicamente una
tierra arrasada y humanamente, … aún estamos contando los muertos o tratando
de encontrarlos, 30 años después.
La violación a los derechos ciudadanos pasó desde la muerte a la tortura y
aún se sufrió de otras maneras. Quienes vivimos ese período lo tendremos
siempre presente, aún sin haber padecido el rigor de las cárceles o la
tortura.
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El clamor de los reclamos de justicia es parte activa de las campañas
políticas actuales, rompen esquemas, son emblemas de colectividades enteras
y regulan la vida democrática en las naciones vecinas y en la nuestra por
supuesto.
Pese a las leyes de caducidad de punto final o como hayan querido nombrarlas, el
final de la historia que iniciaron los gobiernos militares, aún no ha sido
escrito. Son un amargo capítulo en nuestra historia, es verdad. Pero a la vez
que con toda razón pedimos justicia, parece que seguimos sin aprender de lo
pasado. Venezuela y el gobierno populista del ex Coronel golpista Hugo
Chávez Frías es una prueba de ello.
HACIA UN PAÍS IMPUESTO
En Caracas, en Maracaibo, en Puerto La Cruz y hasta en un poblado entre montañas
llamado Los Teques, viven periodistas que alguna conocí y hoy los considero como
queridas amistades, cuya seguridad me preocupa y me mantiene expectante a lo que
ocurre a su alrededor.
Absolutamente todos, se han alejado de la profesión por diferentes causas,
mayormente por seguridad, pero ello tampoco los mantiene a salvo.
Las noticias que me hacen llegar son asustadoras. En un aparente estado de
democracia se va imponiendo a la fuerza un régimen dictatorial apuntado a mudar
definitivamente y de un momento para otro toda la estructura de país, empezando
por la conciencia de la gente. Y con ese rumbo hoy se encamina Venezuela, al
estilo de los peores gobiernos militares, a la fuerza, sin escuchar razones,
imponiendo la orden, así sea disparar o golpear desde niños a mujeres sin
importar la edad en plena vía pública y a los ojos del mundo. La TV no deja
mentir en esto. Mis amistades me cuentan de personas detenidas sin aviso, me
cuentan de patadas en las puertas de cualquier persona a quien alguien determine
que hay que detener. Cualquier semejanza con las dictaduras de antaño es mera
coincidencia, porque las similitudes terminan por allí.
Es que estos, son también gobiernos en botas, pero adicionan un condimento de
los nuevos tiempos: el populismo. Crean ejércitos reclutados entre las clases
más necesitadas a las que prometen y prometen, pero manteniendo la receta de no
darle nada. A ese ejercito le inculcan la existencia de un enemigo: los que
tienen, así sea una casa y un vehículo ganados con el esfuerzo de toda la vida.
De ese caldo sale una lucha de clases – pobres vs. clase media - en medio de la
cual, el gobierno manda con tropas y tanques en las calles, con discursos
incendiarios, con fabricas y negocios cerrados, sin alimentos en los
supermercados y ahora, sin esperanzas de cambios. Lo ocurrido con el referéndum
revocatorio es prueba de ello.
LA BURLA DEL REFERÉNDUM
Al día siguiente, o mejor dicho, horas después de cerrarse los centros de
recolección de firmas para revocar el mandato del Presidente Hugo Chávez
sucedieron dos cosas. La primera fue que en la televisión del mundo se vieron
imágenes de centenares de miles de personas firmando. Filas y filas de hombres y
mujeres a lo largo de todo el país ejerciendo un derecho establecido en la
propia Constitución impuesta por el citado gobierno. Lo segundo, cuando ni los
organizadores de la recolección sabían el número de firmas recogidas, el
Presidente hablando por televisión denunció que existió un fraude y que las
firmas recolectadas no pasaban de 1.800.000, cuando la oposición festejó la
obtención de 3.400.000, un millón más de las requeridas.
Hoy, meses después, curiosamente coincidiendo con el vaticinio chavista, el
Consejo Electoral solamente valida 1.834.000 y deja en suspenso ¡800.000 firmas
acompañadas por la huella dactilar! El Consejo Electoral las acepta -las firmas
y las huellas como verdaderas- pero no acepta el tecnicismo empleado para llenar
el formulario.
Si alguien sospecha que todo no pasa de una artimaña del Gobierno, esta en su
derecho a hacerlo. Si alguien sospecha que el Consejo Electoral responde al
Gobierno, no anda mal encaminado.
Como también si alguien sospecha algo extraño en el hecho de que decenas de
miles de personas que viven ilegalmente en el país, están siendo
¡nacionalizadas! con un simple y rápido trámite, a pocas semanas o meses de que
pueda eventualmente convocarse a un referéndum para solicitar la salida o
permanencia del cuestionado mandatario. Ese enorme contingente de residentes
ilegales, ¿adivine de que sector de la población provienen?
¿INTEGRACIÓN SUDAMERICANA?
Días pasados en un articulo de tapa de diversos periódicos de América, apareció
una fotografía del Presidente Chávez, en medio los mandatarios Kirchner de
Argentina y Lula de Brasil. Fue en oportunidad de la reunión del Grupo de los 15
y sirvió para insistir con la fantasía bolivariana de una gran
integración. Lo interesante del episodio es que hay sectores, que al igual que
con Castro en Cuba, parecen desconocer lo que ocurre más allá de la retórica del
gobernante y no desean ver o saber algo más de la anarquía en que poco a poco se
va convirtiendo la nación. Por ello veo artículos que saludan esa integración y
me entero de actos en Montevideo, de apoyo a la “revolución bolivariana”.
En Argentina, en Bolivia, en Perú, en Ecuador hubo protestas masivas contra
gobiernos recientes. Las protestas minaron su poder y en la mayoría las muertes
ocurridas fueron el detonante para su caída. De la Rúa, Paz Zamora, Fujimori,
Jamil Mahuad, debieron abandonar sus gobiernos, pero en Venezuela se da un
fenómeno diferente. Ni los millones de firmas, ni las muertes, ni el fracaso de
su propuesta (¿?) de gobierno revolucionario, ni las protestas multitudinarias
en su contra, lo convencen de que debe renunciar.
Mirado a la distancia, que en este mundo globalizado ya no es tanta, además de
preocuparnos por la seguridad de las amistades, me preocupan los aplausos que
ese gobierno recibe cuando habla de integrarse. Si los que aplauden son los
mismos que combatieron la represión militar en nuestros países, entonces hay
algo que indudablemente no esta funcionando bien.
Hasta pronto.
Miami, 04 de marzo de 2004.
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