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Con Katrina
pasé cuatro días inolvidables. Me paseó por moteles y
hoteles de Miami; me mantuvo a oscuras y bañado de sudor,
me ha obligado a dormir desnudo y a la intemperie. Por si
fuera poco, también me ha obligado a dormir dentro de mi
automóvil y a recorrer la ciudad para encontrar agua o
alimentos. Katrina me ha enloquecido y al retirarse me ha
dejado frustrado, hastiado, molesto. ¡Vaya que mujer!,
dirán ustedes.
El asunto es que Katrina no es una mujer, es apenas un
pequeño huracán categoría 1 o como dicen los indignados
vecinos, que reclaman a las autoridades que no les han
reparado sus servicios de energía eléctrica, ‘un vulgar
vientito platanero’.
Hoy les quiero contar mi breve historia con Katrina y todo
lo que aprendí con ella.
Quienes
vivimos en Miami, lo hacemos ‘en la otra Miami’. La que no
aparece en las postales ni en las agendas de Turismo.
Somos los que huimos del tráfico insoportable de la costa
(Miami Beach) cuando hay actividades como, por ejemplo,
los premios MTV. Ese grupo de inmigrantes aprenden a
conocer Miami cuando ocurren sucesos extraordinarios, como
un huracán por ejemplo. Confieso que en mis años por aquí
he sufrido poco con estos fenómenos y nunca les he dado
mas importancia que aquella que le otorgábamos en mi país
a los vientos pamperos, derribando antenas, árboles y
obligando a evacuar siempre a las mismas personas. Con
Katrina aprendí que las cosas aquí son diferentes. Mejor
dicho, ‘los vientos son diferentes’.
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Katrina
se convirtió en huracán al entrar a Miami, o sea, fue
un viento pampero. El problema es que mientras en
Uruguay un ‘vientito’ de estos encuentra casas fuertes
y árboles de sólidas raíces, aquí enfrenta la
resistencia de casas de techos endebles y árboles
cuyas raíces no crecen hacia las profundidades de la
tierra, más bien se desparraman por encima del húmedo
suelo arenoso de la Florida. |
Los vientos
de Katrina derribaron miles de árboles, además de postes
del tendido eléctrico, semáforos, etc., además de inundar
las zonas bajas, que son muchas porque aquí todo es bajo.
Más bien, han corrido los pantanos y sus cocodrilos para
construir enormes casas y edificios. La naturaleza a
veces, le pasa la cuenta a las imprevisiones de los seres
humanos.
Pero Katrina
trajo otros problemas que me afectaron en primera línea.
El Huracán que mudó su trayectoria a último momento y
engañó a los meteorólogos entrando por Miami, dejó sin
energía eléctrica a más de un millón de personas, entre
las cuales se encontraba 'vuestro cronista'.
Y si la
interrupción del suministro energético es un problema en
cualquier hogar, saquen la cuenta en una ciudad construida
en medio de pantanos, con un suelo que transpira de
tanta humedad y en pleno verano cuando la temperatura
supera fácilmente los 40 grados centígrados. A eso sume
que el ‘apagón’ se prolongue por una semana. Las
consecuencias son dramáticas, empezando por el aire
acondicionado.
Aquí es imposible la vida sin aire acondicionado. El calor
de Miami es diferente al de cualquier parte. En este lugar
no existe la brisa que refresca. Aquí los alimentos se
guardan en el congelador y la vida social transcurre bajo
techo o mejor dicho al amparo del aire acondicionado.
Katrina acabó
con todo eso. La gente terminó con las existencias de
alimentos no perecibles de los supermercados, se compró
toda el agua potable, consumió todas las existencias de
hielo, compró todos los ventiladores a baterías y pagó
cifras astronómicas por cualquier generador de energía.
Pero hubo otros males que yo padecí en primera línea
gracias a Katrina. Se ocuparon al 101 por ciento las
habitaciones de los hoteles y moteles de Miami. En mi
recorrida a la búsqueda desesperada de un pequeño
‘cuartito’ con aire acondicionado, visité desde los
pequeños Moteles de ‘estadías pasajeras’ en la calle Ocho
a los modernos y selectos Hoteles cercanos al Aeropuerto.
Holiday Innn, Days Inn, Comfort Inn, Marriot, Howard
Jhonson, Ramada y demás, fueron tomados casi por asalto.
Tan increíble
fue mi periplo por la zona de moteles al paso, que
presencié imágenes pintorescas e irreales. Por ejemplo,
un sábado a la noche, debajo de un luminoso promocionando
los videos pornográficos del Motel un grupo de niños
correteando o una familia completa con niños en brazos
haciendo fila para registrarse junto a una pareja que
llegaba a ‘pasar el rato’.
Esa noche
terminé durmiendo ‘en cueros’ en el balcón y a la luz de
las estrellas. Al día siguiente le tocó al automóvil
servir de dormitorio.
Katrina
provoca gastos que afectan a todas las economías. Durante
todos estos días, el desayuno, el almuerzo y la cena
inevitablemente se consumen en restaurantes. Si le sumamos
los gastos estratosféricos de gasolina, el caos en el
‘bolsillo’ es devastador.
Pero no todas
son cosas malas. Con Katrina aprendí sobre la solidaridad
de los vecinos que terminan compartiendo hasta el
alimento; la educación en las calles donde los propios
automovilistas deben organizarse en cada cruce donde no
existen semáforos ni policías de tránsito. Aprendí que la
fama sobre la amenaza de los huracanes es real y también
que basta un ciclón de intensidad para destrozar una
ciudad tan grande como Miami.
Katrina me hizo muchas cosas, me enseño muchas cosas y se
llevó otras al retirarse. Pero la más importante que ‘SI
ESTE ES UN HURACAN CATEGORIA UNO, YO NO QUIERO CONOCER A
UNO CATEGORIA CINCO’.-
Hasta la
próxima.
Miami,
Agosto de 2005 |