Desde Miami...

 
Bernardo Pilatti  (Periodista Independiente)  Biografía

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"Huracanes y casas de cartón"

El mundo esta al revés. Yo lo garantizo. Aquí en esta región  a donde vine a vivir en un viaje desde Chuy sin escalas, hay  mucho de ese absurdo que convierte la lógica en una “ilógica” comedia.

Daría para disfrutarlo alegremente, si no fuera que  es demasiado trágico para sonreír.

Esta sexta temporada de huracanes que me toca vivir, me da la  pauta de que en este país (EEUU), no todo lo que reluce es  inteligencia. Me refiero a la absurda manía de construir  casas literalmente de cartón y plástico en plena ruta de  huracanes que pueden llegar a 250 kilómetros por hora. 

También aquí constaté como los extremos del bienestar  ciudadano se unen de manera dramática debido a estos fenómenos  de la naturaleza. Pero debo regresar en el tiempo, para situarlos en esta  crónica. Yo nací y crecí en un barrio muy humilde de  Montevideo hasta que la vida me llevó a Rocha.

En aquél  barrio periférico, de calles de tierra, donde el agua potable  llegaba en carros de aguateros, las casas de bloques y  planchada eran contadas con los dedos de las manos.

Allí lo  que abundaba era la madera carcomida, las chapas marrones del  herrumbre y las bolsas de arpillera cumpliendo el papel de  cortinados. En una de esas casas me crié, asistiendo a  lluviosos inviernos, donde abundaban los temporales de  viento. Dentro de la casilla llovía casi tanto como afuera y  en las noches de viento, mi padre debía apuntalarla con  enormes troncos de eucaliptos, a modo de parantes, para que  no se viniera a tierra.

Al día siguiente, no habría forma de  quitar la humedad que se nos metía hasta dentro de los  huesos. En Chuy pasé varios temporales, pero mi casa  construida en bloques y una gruesa planchada aguantaba esos y  mayores vientos, al igual que todas las casas vecinas.

Aquí en Miami, en la Florida, las casas de los más pobres al igual que las de los mayores multimillonarios, salvo su  fachada, no tienen mucha diferencia con la casilla de mi  infancia y seguramente, tienen mucho que envidiar a la casa  donde viví en Rocha.

Aquí las grandes casonas solo tienen una estructura  medianamente sólida en su contorno, sin embargo los techos  son de madera y cartón. Por ello dije que los extremos se unen.

Al igual que en Uruguay, en los países de la región como Cuba  o República Dominicana, las casas son construidas de bloques  y techos de concreto. Hay pobreza, hay enormes carencias,  pero los estragos de los huracanes en comparación son  infinitamente menores de los que provocan aquí en el país del  dólar.

Este año, la temporada ciclónica ha llegado con una virulencia inusual y en los primeros días de septiembre, cuando se llega a lo que llaman “el pico” de la temporada, por las cercanías han pasado ya tres huracanes de categoría 4, sembrando destrucción y muerte. 

Ello al parecer ha obligado a que mucha gente aquí comience a alzar su voz.

Ya es posible ver notas en la prensa hablando de ese mismo tema, las estructuras endebles de las construcciones. 

“Si las casas fueran más sólidas, no sólo se ahorrarían vidas, bajarían los escandalosos precios de los seguros, se le daría un respiro a la ecología y se reduciría la paranoia previa a cada huracán” – se suele decir.

Creo sinceramente que se avecinan cambios, no cabría otra suposición luego de presenciar la estela de destrucción que estos fenómenos suelen dejar a su paso.

Aunque mi temor es que eso aún demore. Mientras tanto, nos mantendremos viviendo dentro de una canción de los Zucará. 

“Que triste se oye la lluvia
en los techos de cartón
Que triste vive mi gente
en las casas de cartón”.

Miami, 18 de setiembre de 2004

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