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Por estos
días, estuve acompañando por la prensa escrita en Internet
y esporádicamente por las emisiones de radio en Internet
la situación de mucha gente en el departamento. Se padecen
problemas que no son nuevos, todos relacionados con la
economía y la falta de trabajo. Los familiares con quienes
hablo, tampoco me pintan un panorama halagüeño.
¡Ta’ cada
vez más bravo! – me dicen y yo les creo. Cuando emigré en
Uruguay el dinero ya no valía, pero se conseguía.
Hoy no hay
dinero ni formas de conseguirlo. Pero la buena noticia que
les doy es que, “no hemos tocado fondo”, hay gente que
esta varias veces peor y seguramente dando pedazos de vida
por tener siquiera un poco de la amable naturaleza con que
cuenta todo el Uruguay.
Un Uruguay
sin volcanes, sin terremotos, sin huracanes, sin personas
humildes que se tiran al mar en endebles embarcaciones
buscando un futuro mejor, sin personas que literalmente
mueren de hambre sin posibilidades siquiera de huir de sus
países o con miles, decenas de miles viviendo a los pies
de cerros que en cualquier momento pueden venirse a pique,
en el nuevo flagelo: los deslaves.
Esta
reflexión tiene un origen, su lastimoso origen y que por
un vaivén de las casualidades debí seguirlo muy de cerca.
Entre mis nuevos vecinos, aquí en Miami, se cuenta una
familia dominicana con familiares en la zona de Nagua, al
noreste de la isla donde por estas horas pasadas se
produjo un trágico naufragio de humildes habitantes que
trataban de llegar a Puerto Rico.
Mediante
llamadas telefónicas y oficiando de taxi metrista
honorario, participé de las angustias que vivió esta
familia ante la posible presencia de un familiar entre los
náufragos.
La epopeya de esa gente
puede figurar en una galería de horrores. Pasaron casi dos
semanas en el mar, sobrevivieron treinta y tres, pero
decenas murieron, deshidratados o de hambre. Los que iban
muriendo iban siendo arrojados al mar. Al menos una de las
mujeres, alimentó con leche materna a varios de los
hombres. La mujer murió, pero muchos de los que alimentó
sobrevivieron para narrar la historia. Uno de los
náufragos señaló que habían practicado canibalismo como
un medio para tratar de salvar su vida. Esto último lo
presencié en un noticiero de la televisión dominicana,
donde también en forma cruda se ofreció una colección de
imágenes de hombres moribundos, con sus cuerpos quemados
por la exposición al sol y el salitre y un cuadro de
pobreza extrema en sus hogares, al menos en los que tienen
hogares.
Una mujer en medio de tubos
de suero y con el rostro demacrado, lloraba sin consuelo
frente a la cámara. Había reunido quinientos dólares para
pagar “el viaje” vendiendo todo lo que tenía. Lo que tenía
era muy poco, pero después de salvar su vida, ahora deberá
enfrentar la vida sin nada.
Por esas islas hay
comunidades pobres de verdad, pero ni siquiera son el
extremo de la pobreza. En Haití están peor y veamos hasta
que punto se puede aún estar peor. Por estas horas en
plena temporada ciclónica la región se ve amenazada por
dos tormentas tropicales ya convertidos en Huracán.
Adivinen ustedes por donde pasa la ruta de los huracanes,
pues acertó, por República Dominicana.
Pero hay más. A la misma
hora en que los noticieros mostraban la triste tragedia
dominicana, se veían imágenes de la muerte en Texas de un
grupo de emigrantes salvadoreños y hondureños
que perecieron en un accidente cuando eran llevados por
traficantes de indocumentados. Algunos de los muertos,
procedían de una comunidad muy pobre, asentada a las
orillas de un lago formado en la boca de un volcán
dormido.
Allí el olor a azufre se
mete hasta en la conciencia y por si fuera poco, los
temblores diarios anuncian como muy cercana una erupción
del volcán. Pero si no viene el volcán, si puede llegar en
cualquier momento un huracán cargado de agua y provocar un
deslave y si no llega eso, pues, un terremoto está a la
orden del día.
Mal de otros, consuelo de
tontos creo que dice un refrán y tiene mucho de verdad.
Pero también es verdad que mucha gente que vive en la
extrema pobreza en nuestra América, daría mucho de su vida
por vivir en una tierra como la uruguaya.
Hasta pronto.
Miami, Agosto 11 de 2004 |