Desde Miami...

 
Bernardo Pilatti  (Periodista Independiente)  Biografía

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El eterno calvario Haitiano

Cuarta Entrega

El edificio donde vivo desde hace un año aproximadamente esta habitado por personas de todas las nacionalidades, razas, credos y profesiones. Hay emigrantes que han llegado a Miami desde otros países, pero también hay americanos que aquí arribaron emigrando desde otros estados dentro del mismo país.

La mezcla provoca fenómenos sociales tan atractivos como singulares. Los muchachos crecen interactuando entre varios lenguajes, lo cual hace presumir en una futura comunidad  comunicándose en varias lenguas producto de ese alquimismo que los caminos de la emigración provocan. Entre mis vecinos cercanos hay colombianos, cubanos, americanos de Wyoming, canadienses de Vancouver, hindúes, una familia de Togo que se mudó por estos días, además de mexicanos, argentinos, brasileños, europeos y otros que desconozco su procedencia.

Los niños y adolescentes que pertenecen  a esas familias estudian en un colegio que ocupa un predio vecino al complejo de edificios. Con mis vecinos suelo hablar sobre sus países y el día a día de las comunidades de emigrantes a quienes les unen muchas cosas, especialmente la principal: la problemática migratoria. No muy lejos de donde resido, hay una extensa zona urbana conocida como "Little Haití", lugar donde se concentra la mayor parte de los emigrantes haitianos de Miami y que no son pocos por cierto. Tanto es así que el alcalde de la zona es de origen haitiano y el poder económico de esa comunidad es tan importante que existe en Miami una radio de la comunidad que sólo transmite en creolé, su dialecto oficial, y en la TV oficial del sur de la Florida ocupan largos segmentos de tiempo difundiendo sus tradiciones, su música y sus noticias.

Lo que ocurre en Haití, aquí es noticia de portada en los principales medios de comunicación, pero más allá de ese detalle poco y nada interesa lo que sucede en la  pequeña y empobrecida nación caribeña. Es tanta la falta de interés por lo que sucede en Haití que muchas personas tienen dificultades hasta para saber siquiera, "cual es su ubicación geográfica". Sólo para demostrárselo a un vecino, le pregunté a un adolescente si conocía Haití y me contesto con un "si", expresado con mucha determinación.
"Es un mercado bien grande en la calle 85 y Biscayne Boulevard" - me dijo. Esa situación me trajo a la memoria otro episodio similar involucrando a una familia de emigrantes cubanos residentes en la zona norte del estado y que tuve que visitar tiempo atrás. Según ellos me contaban, los estudiantes del secundario que por amistad con sus hijos solían visitarlos, "ni siquiera sabían donde estaba ubicada Cuba" y algunos hasta aventuraban su creencia de que existía un puente para llegar " a ese lugar". ¿Y porqué estas anécdotas?, simplemente para  poner al tapete la forma en que se visualiza el resto del mundo desde las nuevas generaciones y el poco interés que las crisis regionales despiertan, pese a la globalidad del mundo en el que nos toca vivir.

Haití se desangra encima de una pobreza extrema, en medio de una violencia que parece no tener fin, en medio de la ceguera de sus gobernantes y si su situación no despierta mayor interés de otros gobiernos o de organizaciones de peso mundial, no deberíamos criticar seguramente a los hijos de mis vecinos por creer que Haití es apenas el nombre de un supermercado, al que en una oportunidad debió acompañar a sus padres en busca de productos en buenos precios. Haití es  una de las naciones más pobres del mundo. Hay 2,4 millones de personas padeciendo hambre y el 50% de los 8 millones de sus habitantes, tiene malnutrición crónica.
El  12% de la población (casi un millón de personas) está infectado con el virus del SIDA y de acuerdo con las  proyecciones, más de 5000 niños nacen con la enfermedad cada año.
De esa montaña de personas que no encuentran de que vivir, de que alimentarse o de encontrar remedio a sus enfermedades, el gobierno de turno encuentra el mejor ejercito. Basta mal alimentarlos o asegurarles con fondos públicos algún lugar donde poder vivir, para que salgan a las calles a confrontar  a quienes se oponen. Por ello la violencia parece no tener fin. Hace poco más de un año escribí sobre el drama haitiano en una serie de informes sobre la emigración en Chuynet y lo titulé como un
"Eterno naufragio". Fue en oportunidad de llegar hasta la costa de la Florida un barco cargado de emigrantes ilegales. Uno de los tantos barcos que felizmente llegó a destino ilegal con sus ocupantes vivos. Las estadísticas sobre las muertes en el mar en este tipo de viajes son espeluznantes. Sin embargo, mucha, demasiada gente ni siquiera sabe donde queda ese lugar llamado Haití.

Nada existe en América Latina peor que la situación haitiana. Es peor que la verdadera cárcel en que fue convertida la Isla de Cuba, donde la increíble creatividad humana logró convertir a vehículos de los años 50 en ¡barcos! para escapar de la misma o en Venezuela donde las cientos de personas que cada semana mueren en sus calles exclusivamente por episodios de violencia supera a los números de muertos que semanalmente provoca la invasión de Irak. Incluso, el drama de Haití es peor que el eterno conflicto colombiano con su irracional cargamento de muertos por bombas o la explosión de tanques de gas y hasta los prolongados secuestros en la selva amazónica. Sin embargo poco y nada importa lo que pueda suceder el país que en cierta forma debe existir como un emblema del mundo libre. Fue la primera nación del mundo en la cual los esclavos se liberaron del sanguinario colonialismo que los instaló como animales en el nuevo mundo. Según la historia, "la visión de los por entonces sectores hegemónicos, la rebelión de los esclavos -es decir, de seres humanos sometidos a un despiadado sistema de explotación económica- fue conceptuada como una insurrección de negros contra blancos. Según la visión que predominaba lo "indio" y lo "negro" eran la barbarie, la imposibilidad de la civilización.
Por tal razón, los proyectos de "blanqueamiento" eran programas "civilizadores". En consecuencia, en aquellos países caribeños cuyas elites contenían una alta proporción de mestizos -como Haití y la República Dominicana-, los mulatos asumieron ese discurso de proximidad a lo occidental.

Los mulatos justificaron su poder haciéndose "pasar por primo del amo (blanco) y por su legítimo sucesor al poder", por su "heredero espiritual"; es decir, se autoproclamaron los portadores de la civilización". *
Hoy el nudo del problema interno de este pobre país, pasa precisamente por una lucha entre negros pobres y mulatos con poder y dinero. La confrontación o el "eterno naufragio" como lo suelo llamar, supera ya los dos siglos.
Muchos más que los años de vida de otras naciones en América. Sin embargo los profesores que educan a los hijos de mis vecinos aún no le han explicado a los mismos que hay una isla cercana, cuya mitad de territorio es ocupada por un estado independiente  llamado Haití y que en su vecindario, compartiendo su mismo espacio, viven familias de personas procedentes de ese país del que, a diferencia de otros millones, han logrado escapar.
Hasta pronto.

* Datos tomados de un tramo del capítulo titulado: "The haitian revolution"
en el libro LA DISPORA AFRICANA.

Miami, 14 de febrero de 2004.

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