 |
La emigración hacia los Estados Unidos desde hace mucho
tiempo, es un lucrativo negocio que siempre vulnera alguna de
las rígidas leyes que la “mal controlan” en cualquiera de sus
extensas fronteras.
En estos tiempos he podido conocer muchas de esas maneras.
Algunas me sorprenden por su increíble “legalidad”. Me refiero
al “matrimonio arreglado”, algo que las colombianas dicen
haber puesto de moda, pero aquí se sabe que eso esta alejado
de la verdad, aunque no mucho claro.
En estos días y en su primera plana, la versión en español del
Diario The Miami Herald publicó un revelador artículo al
respecto.
“A
través de unas 35 agencias matrimoniales formalmente
establecidas en las principales ciudades de Colombia,
centenares de hombres extranjeros, principalmente
estadounidenses y canadienses, dejan en el país miles de
dólares en viajes destinados exclusivamente al propósito de
buscar esposa y contraer matrimonio en forma legal.”
|
Dice el artículo y agrega que “en el 2000, el
principal de estos establecimientos en Bogotá, Latin American
Indroductions (LAI), consiguió casar a 85 colombianas con
extranjeros y calcula que este año la cifra será superior a 60”.
Estos datos no deben sorprender a nadie, la cifra
de noviazgos y posteriores matrimonios que mediante foros de
Internet, chats y especialmente clubes de amigos o de amor, se han
concretado en los últimos años entre damas extranjeras y
ciudadanos americanos supone cifras que cuando se logren revelar
seguramente modificarán la perspectiva que sobre la legalización
de personas que aquí contraen matrimonio tiene el servicio de
migración de los Estados Unidos.
Es que la cifra puede inducir a pensar que se trata
de una nueva forma de contrabando humano y de hecho, muchos ya lo
están sugiriendo. Yo recientemente tuve una agria discusión con
una persona que fue más lejos aún considerando una forma de
prostitución promovida por agencias legales o sitios de Internet.
Se de muchos ejemplos de felices matrimonios entre ciudadanos de
este país y damas latinoamericanas. Sólo en mi lugar de trabajo
existen cinco casos similares. Todos ciudadanos americanos, que ni
siquiera hablan idioma español y cuyas esposas proceden de Brasil,
Colombia, Honduras, Perú y Bolivia. Aquí en el sur de la Florida
donde ese tipo de alianzas matrimoniales suelen ser comunes, hay
instalada una fuerte polémica al respecto. Es que debe reconocerse
que si bien son muchas las felices parejas, también son muchos los
“emparejamientos” acomodados a la necesidad de obtener un visado o
una residencia. Y son esos los casos que muchos aquí los encuadran
directamente dentro de una nueva forma de prostitución.
El artículo publicado por el Nuevo Herald es
sumamente revelador sobre las causas que generan este fenómeno:
“La soledad es la circunstancia que más empuja
a los hombres europeos y norteamericanos a buscar esposa, de
acuerdo con la opinión de voceros de varias agencias consultadas.
La atracción que ejercen las colombianas sobre ellos se debe a que
las consideran ''bonitas'', ''serviciales'', ''sexis'' y
''fieles''. En cambio, ''las gringas no se contentan con nada,
mientras que las colombianas quedan agradecidas con la sinceridad
y sensibilidad'', declaró a través de un intérprete un
estadounidense que viajó a Bogotá para conocer a un grupo de
mujeres cuyas fotografías vio originalmente en la Internet, en la
página web de LAI. Ellas, por su parte, están convencidas de que
los colombianos son ''infieles", ``machistas'' e
''irresponsables'' mientras que a los extranjeros en general los
tienen por ''tiernos'', ''generosos'' y ``buenos maridos''.
Dice el artículo.
Más allá de las consideraciones que puedan
realizarse sobre este fenómeno que en Europa Oriental vive una
experiencia similar, considero que se trata de una nueva forma de
emigración hacia lugares donde los niveles de vida propician el
deseo de radicarse.
Colombia en ese aspecto, por su elevado índice de
violencia urbana crea las condiciones para que el número de
mujeres que desea emigrar sea muy alto. Otro tanto sucede en
países de Centro América donde la pobreza o el mal trato, son el
factor predominante.
Para nuestra próxima entrega, les acercaré detalles
de las odiseas que a través de las selvas del Darién en las
fronteras de Colombia y Panamá, cruzando toda Centro América y
México emprenden emigrantes ilegales en la búsqueda del “sueño
americano”.En esa ruta que no figura en los mapas turísticos
pierden muchos la vida o las esperanzas y hasta sus extremidades
como muchos salvadoreños que intentan cada año ingresar a Estados
Unidos “incrustrados” en las peligrosas cavidades existentes entre
los hierros, debajo de los vagones de los trenes fronterizos.
Hasta la próxima.
Miami,
mayo de 2003