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PRIMERA ENTREGA
A partir de la presente nota, les ofreceremos una serie de crónicas
sobre la emigración ilegal y la dramática saga de quienes viven y
mueren por un pretendido sueño americano. Son habitantes de países
vecinos, quienes en su deseo de llegar a los Estados Unidos para un
mejor vivir, convierten un sueño en pesadilla, donde no se sabe con
certeza si es preferible la muerte que la sobrevivencia.
Hoy ante la amenaza eminente del terrorismo, las leyes migratorias
han cambiado en este país. Un organismo central coordina las
acciones de los departamentos que atienden esta parte tan sensible
de la vida americana, en un territorio donde conviven las patrullas
de frontera, junto con los traficantes de ilegales y la
desesperación de los inmigrantes, que ahora cuenta con un “super
sheriff”, del que aún no se sabe hacia donde apuntará su pistola.
Hoy les ofrezco, una muestra del drama haitiano y en la próxima
entrega, trataré de resumir las mil formas que cobra la pesadilla
mexicana a lo largo de la frontera, donde reinan los “coyotes”.
Ellos son los responsables de administrar el peligroso corredor de
indocumentados existente en la frontera entre EEUU y México, por
donde millones de mexicanos han ingresado al país del norte, aunque
muchos también han perecido en el intento.
EL PENOSO DRAMA HAITIANO
Tiempo atrás, cuando retornaba de la oficina donde presto mis
servicios, justo en el momento en que cruzaba el puente que une la
Isla de Key Biscayne con el llamado DwonTown de Miami, me encontré
inmerso en un dramático episodio que tuvo por protagonistas a un
grupo de emigrantes haitianos que se aprestaban a desembarcar en la
costa, a pocos metros del viaducto Rickenbacker por el que
despreocupadamente venía conduciendo mi automóvil.
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El barco, de poco menos de 20 metros de eslora, es el típico
utilizado para el contrabando humano y en el que se suele
trasportar a personas como verdaderos animales, literalmente
había encallado sin posibilidades de llegar a la costa en
momentos que era perseguido por dos lanchas
patrulleras y un par de helicópteros del servicio de
guardacostas que opera en la Florida. |
En cuestión de segundos, se produjo en secuencia una serie de
hechos a los que involuntariamente asistí en primera fila. La
curiosidad que ganó a varios de los automovilistas que circulaban en
uno y otro sentido, los llevó a detener sus vehículos y de la nada
se produjo un monumental atasco que detuvo totalmente el tránsito en
medio de un mar de bocinas y sirenas de los patrulleros policiales
que a contramano y peligrosamente transitaban por encima de las
veredas de la rambla buscando el punto mas cercano al barco de
ilegales. Junto a esa movilización policial, gran cantidad de
helicópteros de la prensa surcaban el cielo, representando de esta
forma a las grandes cadenas estadounidenses que operan en Miami.
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Mientras eso ocurría en tierra y en el aire, en el mar decenas
de ocupantes del barco se lanzaban al agua buscando llegar a la
costa nadando en medio de las lanchas de la Guardia Costera y
sabedores que una vez tocaran tierra serían cazados como
animales. |
El cuadro pese a lo deprimente, no dejaba de ser una cruda muestra
de la desesperada saga de los inmigrantes que deben llegar a este
país por métodos peligrosos e ilegales.
El “tranque” encima del puente duró aproximadamente tres horas y
los casi 200 emigrantes, hombres, mujeres y niños, fueron en su
mayoría detenidos, excepto algunos pocos que lograron ganar la
orilla y llegar hasta tierra firme, donde no faltaron conductores,
seguramente haitianos como ellos, que los introducían dentro de sus
vehículos con el fin de salvarlos de la acción represiva de la
policía.
Al día siguiente, también fui testigo de la masiva manifestación de
miles de integrantes de la comunidad haitiana de la Florida frente
al edificio que alberga al servicio de Migración de Miami, en la
clásica esquina de Biscayne Boulevard y la Calle 71.
El episodio tuvo una enorme cobertura mediática, además de interesar
a las autoridades, especialmente a los representantes de la minoría
negra al sur del estado.
Todos pedían para que esa gente no resultara deportada, aunque hasta
hoy nada he sabido sobre su destino final, excepto que fueron
recluidos en el centro de detención de Krome. Allí d son llevados
todos los ilegales detenidos previo a su deportación o autorización
a permanecer en el país.
MUERTE EN EL MAR
Poco y nada sabía hasta entonces sobre la odisea haitiana. En este
país, existen otros dramas sobre la materia que atraen mayormente la
atención, básicamente: el tema de los cubanos y en menor medida el
de los dominicanos. Desde estas dos islas siempre están partiendo
“balseros”, quienes son clientes de traficantes de ilegales. Esos
traficantes, verdaderos, piratas del nuevo milenio, ganan
verdaderas fortunas trasladando mercadería humana hacia los Estados
Unidos. En esos barcos, carentes de toda seguridad y por ende, nada
de comodidad, suelen introducir en total hacinamiento a personas que
han logrado ahorrar, vaya a saber como, el dinero para pagar un
viaje que en la mayoría de los casos termina en la deportación y en
la peor de las eventualidades, es un viaje a la muerte.
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Muerte que se consigue generalmente por el naufragio ya que se
trata de embarcaciones precarias, que no reúnen
condiciones de navegar por las peligrosas aguas de la zona. En
otras ocasiones, esa muerte llega por enfermedades, hambre o un
encierro prolongado en las inhumanas o pequeñas bodegas de los
barcos. |
El episodio de Key Biscayne me sorprendió y me llevo a interesarme
en el tema, al grado de que busque información que me revelara
un panorama mas amplio de ese otro drama: el haitiano
Increíblemente, este desembarco en las costas de la Florida, ocurrió
con exactitud, un año después que unos 150 ocupantes de un barco y
63 de otro, en su mayoría haitianos, murieran al hundirse los navíos
que los transportaban en el momento que la región era azotada por
el Huracán Michelle.
La primera embarcación zarpó desde el sur de Haití un mes antes con
150 personas a bordo y al día siguiente partió otro con 63
pasajeros. El episodio se produjo cerca del archipiélago de las
Bahamas donde las autoridades suelen repatriar por año, entre 5000 y
10000 personas, que allí desembarcan en su viaje hacia los Estados
Unidos.
Haití es uno de los países mas pobres del planeta, con un 80% de la
población viviendo por debajo de la línea de la pobreza y en donde
los derechos humanos han venido siendo violados de mil maneras
diferentes. Por si fuera poco ha enfrentado el bloqueo económico de
los Estados Unidos y la indiferencia del resto de naciones del area,
más preocupadas en solucionar sus propias problemáticas que
inmiscuirse en las de una nación que en términos de geopolítica
zona, poco y nada representa para las mismas, excepto cuando se ven
“amenazadas” por algún grupo de inmigrantes no deseados.
Para los haitianos escapar se convierte en obsesión, siendo los
Estados Unidos y la Republica Dominicana sus principales objetivos
como destino final. Con esta última comparte una misma porción de
territorio en el mar Caribe, y aquí han emigrado alrededor de 700
mil personas, incluyendo a los hijos de haitianos nacidos en
Republica Dominicana.
Según comentó Solange Pierre ,Coordinadora del Movimiento de
Mujeres Dominico-Haitianas (MUDHA), existen haitianos que han estado
en República Dominicana por 20 o 30 años, pero no tienen estatus
legal. No pueden arrendar casas ni llegan a tener personalidad
jurídica, nunca consiguen establecerse de un todo. El gobierno
dominicano continúa llamándolos "personas en tránsito". Como esas
personas han comenzado a organizarse y demandar escuelas, agua,
electricidad y atención de salud, el gobierno los ve como un
problema y quiere expulsarlos” comentó.
Agregó que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha emitido
fallos contra las expulsiones masivas y la separación de las
familias, cuando uno o ambos padres son deportados, dejando a los
hijos. Pero el gobierno no ha cumplido con los fallos. El MUDHA ha
apelado a la Organización Internacional del Trabajo para que
intervenga sobre la base de que los trabajadores no pueden ser
expulsados si no han recibido sus pagos.
La lucha de esa organización que ha recibido premios internacionales
por su defensa de los derechos humanos, no es solitaria. En Estados
Unidos las repercusiones del fallido desembarco que imprevistamente
me tuvo como testigo presencial, han levantado tal polvareda que han
movido bases políticas, cuando el mismo paso al terreno racial.
El propio gobernador del estado Jeb Bush, hermano del Presidente,
fue abucheado e increpado en Liberty City, un barrio Negro de Miami,
por decenas de manifestantes que exigían la libertad de los
haitianos detenidos.
Los participantes en la protesta, que duró varios días, se quejaban
de la dualidad de tratamiento que las autoridades de inmigración han
dispensado a los haitianos en relación a otras nacionalidades
Incluso recuerdo que los ánimos se caldearon cuando la congresista
federal Carrie Meek, de raza negra, emplazó al gobernador. Meek lo
presionó para que llamara a la Casa Blanca y le pidiera a su
hermano, el presidente George W. Bush, que permita a los inmigrantes
quedarse.
''Una sola llamada suya y se pone en acción la ley de pies secos'',
dijo la congresista refiriéndose a la política que permite el
ingreso inmediato a Estados Unidos de los cubanos que pisen tierra
firme. Los haitianos son mi sangre, los amo y sé que usted lo puede
hacer'', añadió Meek, quien termina su mandato este año” le dijo.
No sabemos si hubo esa llamada, pero si la hubo, nadie se enteró.
''Aquí hay un doble estándar que es intolerable y debe terminar.
Parece que se han olvidado de lo que sucedió en Surfside hace unos
años, cuando unos cubanos lograron alcanzar tierra firme y no los
detuvieron. Esa gente pudo quedarse. ¿Por qué con los haitianos no
sucede lo mismo?'', señaló el comisionado de North Miami Beach, Jack
Despinosse.
"Haití viven una situación de caos, no es una democracia. Queremos
que los inmigrantes haitianos sean tratados de la misma forma justa
y equitable que los cubanos" dijo Jean-Robert Lafortune, presidente
de la Haitian-American Grassroots Coalition, mientras que Cheryl
Little, una abogada de inmigración de Miami, aludió incluso a
motivaciones racistas en esa discriminación. "El color de la piel
(de los haitianos) puede influir", dijo a la cadena CNN.
La reacción que suscitó el episodio, no debe extrañar. Aquí la
comunidad haitiana es una de las mas importantes, al grado que la
misma a nivel organizativo es tan importante como la cubana. Ya
eligieron un alcalde que es natural de Puerto Príncipe, tienen una
radio que trasmite las 24 horas en su lenguaje, el Creole, y hace
poco tiempo atrás se vieron beneficiados por una ley que facilitó la
legalización de unos 60,000 inmigrantes de su país.
De todas maneras, y pese a su intensa movilización, no han logrado
aún que les sea aprobada una ley similar a la que ampara a los
cubanos, es decir la Ley de Ajuste Cubano que a cualquier habitante
de esa isla que toque tierra Americana, le da acceso inmediato a
toda una serie de medidas de amparo.
La concesión de asilo político en Estados Unidos a ciudadanos
haitianos se ha practicado con cuentagotas. Según fuentes federales
citadas por la prensa de Miami, en los últimos cinco años, los
jueces de inmigración recibieron 21.374 demandas haitianas de asilo
de las que solamente se concedieron 1.284. Ese dato habla por si
solo.
UN PAÍS EN ETERNA CRISIS
La Organización de Estados Americanos, OEA, ha tenido que intervenir
el recrudecimiento de la violencia después de enfrentamientos entre
partidarios y opositores del gobierno, una situación por la que el
pequeño país ha transitado a lo largo de todo el 2002.Los
enfrentamientos han tenido como protagonistas a los simpatizantes
del presidente Jean Bertrand Aristide y los manifestantes de
oposición que protestan contra el gobierno. Aristide fue reelecto
para un segundo mandato de cinco años en noviembre del año 2000 bajo
acusaciones de fraude electoral
En medio de esa realidad y el desinterés estadounidense por darle
alguna forma de solución a la problemática de estos emigrantes, su
futuro, tanto en tierra como en el mar, parece consolidado como un
eterno naufragio.
Miami,
marzo de 2003
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