Nací en un barrio
donde abundaban los perros. Privados y públicos (Léase:
callejeros). Por aquellas barriadas, con forma de
poblados recostados a Montevideo, siempre era una
aventura ‘aventurarse’ por las noches. La oscuridad
profunda, el temor a lo desconocido, el barro en sus
calles de tierra en cada lluvia de invierno y
finalmente los perros. Decenas, cientos de perros de
todos los colores y sin raza definida.
En mi casa criamos unos cuantos. Recuerdo sus nombres
con nostalgia familiar y sus ladridos aun retumban en mi
memoria. Tifón, Mandubí, Tupa, Pitín, Danque, son
nombres asociados a mi infancia, pero había otros. Eran
los perros de los vecinos. Tigre, Tarzán, Capitán,
Pregúntale y hasta un perro bonachón que ni ladraba y
lo habían bautizado de ‘Don Francisco’. Aquellos perros
tenían por sobre todas las cosas un sensacional olfato y
un oído fuera de lo común. El olfato para detectar el
alimento entre las montañas de basura acumulada en las
esquinas y el oído atento al sonido de los platos. Era
la señal de que llegaban las sobras del almuerzo. Para
esos animalitos no había comida de supermercados y si
había una enfermedad, tampoco medicamentos especiales.
Bebían agua de las cunetas y arañaban la tierra para
dormir al calor de la hondonada que ellos mismos se
encargaban de cavar con sus patas..
EL TIEMPO PASO…
Paso el tiempo y con el tiempo emigré. Viaje con mis
recuerdos a cuestas y entre ellos me traje la
inolvidable postal de mis perros. Aquí en Estados
Unidos, pensé que su imagen la reviviría en otros
perros. Tuve la esperanza de verlos volcar los tarros de
basura, perseguir en fila india a las perras en celo o
ladrar desde los patios a cualquier hora de la
madrugada. Nada de eso encontré. Por el contrario
descubrí otros perros, otra forma de vida. Canes del
primer mundo.
Mi primera impresión fueron los hospitales para
animales, abundan. A eso sumemos sus ambulancias y
emergencias móviles. Pero eso sonaría hasta normal en
una sociedad como la estadounidense. Lo que no me sonó
normal, fueron las escuelas para perros, los ómnibus
escolares para perros y hasta las clínicas para combatir
el stress de los pobres animalitos. Pero hay más. Aquí
abundan los salones de belleza para perros y por estos
días en un canal de televisión estaban promocionando ¡un
motel para encuentros amorosos!. Son sorprendentes
también las tiendas de alimentos para perros y hasta las
boutiques de ropa o de juguetes para animales y hasta un
mercado de accesorios para gatos donde se pueden
encontrar cosas más allá de la imaginación.
Sobre el pequeño bus escolar para perros, su función es
espectacularmente humana. El vehículo llega a la casa,
de allí sale el animalito, se monta al bus y
educadamente va al lugar que le corresponde. Hace un
tiempo coincidí en un semáforo con ese ómnibus (aquí le
dicen guagua a los autobuses), en el preciso momento en
que en otro vehículo trasladaban unos enormes y
bochincheros perros tipo doberman. El escándalo de
ladridos que se armo en el cruce fue histórico.
Pero más sorprendente resulto el folleto publicitario
que un buen día encontré revisando mi correspondencia.
En el mismo ofrecían un servicio especial para mascotas.
La promoción era, ‘CLINICA ANTIESTRÉS PARA PERROS y
dentro la lista de servicios que ofrecían en el SPA de
animalitos. Baños de inmersión, juegos, peinados, música
especial para ellos y otras atracciones.
Por un momento imagine un servicio de esos en medio de
los escandalosos perros de mi infancia y largue la
carcajada. Sin embargo no pude sonreír al conocer lo que
cuesta mantener a cualquier perro en una sociedad como
esta, donde hay que pagarles hasta seguro medico y
derechos de permanencia, cuando se vive en condominios.
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Con una dulce perrita
llamada ‘Cosita’ (la misma de la fotografía)
aprendimos otras cosas sobre la vida de las mascotas
en este país. Cosita pasó una semana en casa,
mientras sus propietarios viajaban a Caracas.
El día que la
trajeron, venía con su maleta, su camita especial y
hasta hora marcada para su alimentación. La
educación de las mascotas aquí es primordial en los
temas higiénicos. Ellos saben anunciar su deseo de
pasear o su necesidad de orinar. ¡Y avisan!. Y en
sus paseos suelen llevar una coqueta bolsita
plástica, como parte de su indumentaria.
La misma se utiliza
para que el dueño del animal recoja los excrementos,
en respeto a las normas de la mayoría de los
condominios. |
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Cosita |
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LAS MASCOTAS: UN MERCADO MULTIMILLONARIO
Sin embargo, cuando supe que el mercado de las mascotas
en este país moviliza anualmente unos 30 mil millones de
dólares, comprendí de otra forma las cosas que al
principio me asombraron.
La principal fuente de ingresos, es el servicio de
Hoteles. Una verdadera industria en pleno crecimiento.
El promedio de los costos por noche para cada perro, en
estos hoteles de "cinco huesos", es de 215 dólares por
mascota, en comparación con los 150 dólares que un
humano paga habitualmente por una cómoda habitación
individual frente al mar.
Los servicios hoteleros caninos en Miami incluyen
cojines franceses rellenos de algodón, agua mineral,
paseos de ejercicio diarios, un collar grabado con el
nombre de la mascota y servicios de "spa" donde pueden
recibir desde un jacuzzi hasta una pedicura, en que ama
y perro pueden optar por un color igual de pintura de
uñas.
A estas comodidades, algunos hoteles agregan "películas
para perros" y, por 50 dólares adicionales, un "servicio
de niñeras" para la vigilancia y el cuidado de los
animales en los casos de diligencias o fiestas a las que
sus amos no los pueden llevar.
La lista de negocios relacionados con las mascotas en
Estados Unidos – en permanente crecimiento - incluye
revistas y sitios de Internet especializados,
cementerios, hoteles, parques, empresas de decoración de
interior para casas con mascotas y hasta "psiquiatras"
en conducta animal.
Pero, por si fuera poco, se ha desarrollado
recientemente una empresa que pretende solucionar el
problema de las mascotas perdidas.
La firma comercializa, por unos 300 dólares, la
aplicación y venta de un chip subcutáneo y del aparato
electrónico que permite la ubicación del animal. A este
coste debe agregarse una tarifa de 25 dólares mensuales
que ofrece servicios de estaciones terrestres de
búsqueda en todo el país a las que, según la propaganda
de la compañía, pronto se agregaran servicios de
satélite. Definitivamente, aquí los perros no llevan
vida de perros.
Hasta la próxima
Miami, noviembre de 2005.
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