Desde Miami...

 
Bernardo Pilatti  (Periodista Independiente)  Biografía

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"Vida de perros"

Nací en un barrio donde abundaban los perros. Privados y públicos (Léase: callejeros). Por aquellas barriadas, con forma de poblados recostados a Montevideo, siempre era una aventura ‘aventurarse’ por las noches. La oscuridad profunda, el temor a lo desconocido, el barro en sus calles de tierra en cada lluvia de  invierno y finalmente los perros. Decenas, cientos de perros de todos los colores y sin raza definida.


En mi casa criamos unos cuantos. Recuerdo sus nombres con nostalgia familiar y sus ladridos aun retumban en mi memoria. Tifón, Mandubí, Tupa, Pitín, Danque, son nombres asociados a mi infancia, pero había otros. Eran los perros de los vecinos. Tigre, Tarzán, Capitán, Pregúntale y hasta un perro bonachón  que ni ladraba y lo habían bautizado de ‘Don Francisco’. Aquellos perros tenían por sobre todas las cosas un sensacional olfato y un oído fuera de lo común. El olfato para detectar el alimento entre las montañas de basura acumulada en las esquinas y el oído atento al sonido de los platos. Era la señal de que llegaban las sobras del almuerzo. Para esos animalitos no había comida de supermercados  y si había una enfermedad, tampoco medicamentos especiales. Bebían agua de las cunetas y  arañaban la tierra para dormir al calor de la hondonada que ellos mismos se encargaban de cavar con sus patas..

 

EL TIEMPO PASO…

Paso el tiempo y con el tiempo emigré. Viaje con mis recuerdos a cuestas y entre ellos me traje la inolvidable postal de mis perros. Aquí en Estados Unidos, pensé que su imagen la reviviría en otros perros. Tuve la esperanza de verlos volcar los tarros de basura, perseguir en fila india a las perras en celo o ladrar desde los patios a cualquier hora de la madrugada. Nada de eso encontré. Por el contrario descubrí otros perros, otra forma de vida. Canes del primer mundo.

 

Mi primera impresión fueron los hospitales para animales, abundan. A eso sumemos sus ambulancias y emergencias móviles. Pero eso sonaría hasta normal en una sociedad como la estadounidense. Lo que no me sonó normal,  fueron las escuelas para perros, los ómnibus escolares para perros y hasta las clínicas para combatir el stress de los pobres animalitos. Pero hay más. Aquí abundan los salones de belleza para perros y por estos días en un canal de televisión estaban promocionando ¡un motel para encuentros amorosos!. Son sorprendentes también las tiendas de alimentos para perros y hasta las boutiques de ropa o de juguetes para animales y hasta un mercado de accesorios para gatos donde se pueden encontrar cosas más allá de la imaginación.

 

Sobre el pequeño bus escolar para perros, su función es espectacularmente humana. El vehículo llega a la casa, de allí sale el animalito, se monta al bus y educadamente va al lugar que le corresponde. Hace un tiempo coincidí en un semáforo con ese ómnibus (aquí le dicen guagua a los autobuses), en el preciso momento en que en otro vehículo trasladaban unos enormes y bochincheros perros tipo doberman. El escándalo de ladridos que se armo en el cruce fue histórico.

 

Pero más sorprendente resulto el folleto publicitario que un buen día encontré revisando mi correspondencia. En el mismo ofrecían un servicio especial para mascotas. La promoción era, ‘CLINICA ANTIESTRÉS PARA PERROS  y dentro la lista de servicios que ofrecían en el SPA  de animalitos. Baños de inmersión, juegos, peinados, música especial para ellos y otras atracciones.

 

Por un momento imagine un servicio de esos en medio de los escandalosos perros de mi infancia y largue la carcajada. Sin embargo no pude sonreír al conocer lo que cuesta mantener a cualquier perro en una sociedad como esta, donde hay que pagarles hasta seguro medico y derechos de permanencia, cuando se vive en condominios.

 

 

Con una dulce perrita llamada ‘Cosita’ (la misma de la fotografía) aprendimos otras cosas sobre la vida de las mascotas en este país. Cosita pasó una semana en casa, mientras sus propietarios viajaban a Caracas.

El día que la trajeron, venía con su maleta, su camita especial y hasta hora marcada para su alimentación. La educación de las mascotas aquí es primordial en los temas higiénicos. Ellos saben anunciar su deseo de pasear o su necesidad de orinar. ¡Y avisan!. Y  en sus paseos suelen llevar una coqueta bolsita plástica, como parte de su indumentaria.

La misma se utiliza para que el dueño del animal recoja los excrementos, en respeto a las normas de la mayoría de los condominios.

Cosita

 

 

 

LAS MASCOTAS: UN MERCADO MULTIMILLONARIO

 

Sin embargo, cuando  supe que el mercado de las mascotas en este país moviliza anualmente unos 30 mil millones de dólares, comprendí de otra forma las cosas que al principio me asombraron.

La principal fuente de ingresos, es el servicio de Hoteles. Una verdadera industria en pleno crecimiento. El promedio de los costos por noche para cada perro, en estos hoteles de "cinco huesos", es de 215 dólares por mascota, en comparación con los 150 dólares que un humano paga habitualmente por una cómoda habitación individual frente al mar.

 

Los servicios hoteleros caninos en Miami  incluyen cojines franceses rellenos de algodón, agua mineral, paseos de ejercicio diarios, un collar grabado con el nombre de la mascota y servicios de "spa" donde pueden recibir desde un jacuzzi hasta una pedicura, en que ama y perro pueden optar por un color igual de pintura de uñas.

 

A estas comodidades, algunos hoteles agregan "películas para perros" y, por 50 dólares adicionales, un "servicio de niñeras" para la vigilancia y el cuidado de los animales en los casos de diligencias o fiestas a las que sus amos no los pueden llevar.

 

La lista de negocios relacionados con las mascotas en Estados Unidos – en permanente crecimiento - incluye revistas y sitios de Internet especializados, cementerios, hoteles, parques, empresas de decoración de interior para casas con mascotas y  hasta "psiquiatras" en conducta animal.


Pero, por si fuera poco, se ha desarrollado recientemente  una empresa  que pretende solucionar el problema de las mascotas perdidas.
La firma comercializa, por unos 300 dólares, la aplicación y venta de un chip subcutáneo y del aparato electrónico que permite la ubicación del animal. A este coste debe agregarse una tarifa de 25 dólares mensuales que ofrece servicios de estaciones terrestres de búsqueda en todo el país a las que, según la propaganda de la compañía, pronto se agregaran servicios de satélite. Definitivamente, aquí los perros no llevan vida de perros.

Hasta la próxima

Miami, noviembre de 2005.

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