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La relación de los padres con los médicos pediatras, siempre traspasa el mero
formulismo de la consulta médica. Cuando el asunto es con los niños, la sintonía
parece más acentuada. En los pueblos y ciudades del interior, especialmente, la
relación es casi familiar y por ello permite reunir recuerdos agradables
relacionados con el crecimiento de nuestros hijos. Después de todo, se trata de
profesionales con una importancia especial en nuestras vidas. Son quienes
vigilaron la salud de nuestros hijos desde su misma cuna.
Desde el nacimiento de mis hijos hasta su adolescencia tuve una relación de
amistad que mi profesión la tornó más profunda con muchos médicos de la zona
este y entre ellos pediatras como los Dres. José Luis Schettini o Wilfredo
Casella por quienes siempre profesé mucha admiración, especialmente por sus
cualidades humanas a la hora de ejercer una especialidad tan difícil y delicada.
Los médicos de nuestros pueblos han tenido que desarrollar sus carreras luchando
con inconvenientes que naturalmente no son habituales en las grandes ciudades.
El paso de los años me llevó a otras tierras, donde también nacieron amistades
con profesionales de la medicina infantil, de Costa Rica, México, Venezuela y
hasta un español de Andalucía del que fui casi testigo privilegiado en el final
de su formación.
Con la mayoría de esos médicos compartí en algún momento largas conversaciones,
sobre realidades, sueños, metas e ilusiones de una carrera que en todos percibí
que los reconfortaba. “Nada más hermoso existe que ver la sonrisa de un niño” me
comentó alguna vez mi amigo andaluz. Entre todos
esos médicos y como mayor hallazgo, encontré una coincidencia absoluta cuando se
referían con nombre propio a un Hospital de la ciudad donde hoy el destino me
llevó a vivir: el Miami Children’s Hospital.
UN LÍDER MUNDIAL EN ATENCIÓN
PEDIÁTRICA
Los profesionales que con los años conocí nunca escondían su anhelo de ser parte
de alguno de los contingentes de médicos que de todo el mundo aquí llegan a
especializarse. Es que el MCH es uno de los hospitales educativos independientes
más importante del planeta, que atiende a casi 200.000
pacientes pediátricos por año y recibe a médicos de todo el mundo, que aquí
llegan a especializarse o mejorar sus conocimientos.
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Las conversaciones que hace casi veinte años mantenía con mi amigo Schettini
sobre este Hospital o los elogios que tiempo después pude escuchar de
médicos centroamericanos, mantuvieron viva mi curiosidad sobre este centro
hospitalario próximo a celebrar sus 55 años de existencia.
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Pero fue recién en este año que razones familiares me llevaron a conocer más
de cerca su funcionamiento, a lo que debo agregar la distancia.
No sólo vivo a menos de cinco minutos de su enorme predio en el sur oeste de
Miami, también suelo despertarme por las noches cada vez que siento las aspas de
su helicóptero-ambulancia cuando cruza los cielos buscando la vida de un niño
para salvar.
En el Children’s, como suele ser llamado, son atendidos todos los servicios
clínicos y su personal médico, sobrepasa el número de 600 profesionales, algunos
de reconocido prestigio nacional, mientras que la totalidad de la fuerza laboral
al servicio de la infancia supera los dos mil funcionarios.
A ellos debe sumarse la tarea que desarrollan los trabajadores sociales y que
sin duda, es primordial en un lugar de estas características.
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Es que a este hospital llegan pacientes de cualquier país del planeta.
Son muchas veces, la madre o el padre y en el mejor de los casos, ambos, que
llegan con su pequeño hijo, sin conocer a nadie, sin familiares en la región
o el país, sin conocer el idioma y enfrentando muchos problemas propios de
esa situación. |
Los trabajadores sociales son parte de una de las grandes virtudes en la
buena atención de este centro hospitalario y resuelven la mayoría de los
problemas muchas veces difíciles que surgen más allá de la estricta atención
médica. Ellos se integran a alguno de los programas destinados a prestar apoyo
emocional, psicológico y educativo. ”Atender a los familiares es tan importante
como a los niños” parece ser el lema y realmente funciona.
EL CULTO A LA CORTESÍA
Dentro del nosocomio, el trabajo en equipo forma parte del paisaje laboral, al
grado de que es difícil encontrar otro hospital donde el culto por la cortesía
sea tan elocuente como aquí. Es imposible que una persona se sienta extraviada
dentro del enorme predio, ya que por obligación y por conciencia, el funcionario
más cercano le prestara asistencia inmediata. Este simple detalle, es parte de
la estructura de modelo asistencial que ha impuesto MCH y que aquí, he
aprendido, es una da las razones de su enorme prestigio.
ES POSIBLE DIVERTIRSE
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La primera imagen de atención del MCH es una sonrisa y no es una casualidad.
Los temores naturales que todo paciente experimenta, son suplantados por el
buen humor y el ambiente infantil que se respira en todos los rincones del
hospital, con payasos incluidos y algunos de nombres famosos como el popular
“Dr. Pescado” y hasta la presencia de canes amaestrados, para alegrar la
vida de los pequeños pacientes.
Y el buen humor, es tan importante como detalle que ha sido trasladado a
programas inéditos, como los de los centros pediátricos Kidsville del Miami
Children's Hospital.
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Estos centros de ‘Atención no Urgente’, son especies de policlínicas que
funcionan con el respaldo, el equipo y la tecnología que el hospital ofrece,
aunque no se encuentren en el área del nosocomio.
En cualquiera de estas clínicas, al igual que en las diferentes salas del
hospital, el ambiente es agradable y la decoración en colores brillantes. Cuenta
con salones recreativos equipados con juguetes y diferentes juegos lo que ayuda
a disminuir la ansiedad y comprobar que los hospitales y las consultas médicas
pueden ser lugares agradables de visita. También esto último es un lema.
UN MODELO DE EXCELENCIA
A nivel de enfermería el MCH ha recibido las más altas distinciones por el nivel
de excelencia en el trato a los pacientes y a nivel nacional, ello ha tenido
repercusión en la propia prensa escrita. El más prestigioso de los rotativos de
proyección nacional, el New York Times, se ocupó del tema en agosto del año
2002, cuando celebró la perfecta asociación de tecnología computarizada con
asistencia médica que venía desarrollando desde hacia un buen tiempo el MCH.
El New York Times, comenzó el largo artículo, con el siguiente párrafo:
“When nurses make rounds at the cardiovascular surgery unit of Miami
Children's Hospital, there is one piece of medical equipment that is missing:
the clipboard. Instead of writing information about the patients on pocket-size
cards, nurses tap away on hand-held organizers.”
La traducción aproximada, dice:
Cuando las enfermeras vigilan la unidad de cirugía cardiovascular, del MCH, hay
un equipo medico que falta: el clipboard. Es que en vez de escribir en esa
antigua forma de anotaciones, la sustituyen por un organizador computarizado de
mano”
Muchas cosas quedarían por decir. Tal vez, debería rastrear entre cientos o
miles de artículos periodísticos que han documentado su buena atención. Tal vez,
tendría que entrevistar a miles de pacientes o familiares de niños, cuyas vidas
aquí fueron salvadas o encontraron mejor calidad de vida o esperanzas para la
misma. Pero el cometido de esta nota era mucho más simple que todo eso.
Solamente quería difundir una conclusión: todos mis amigos médicos, sin
excepción, tenían razón: el Miami Children’ s Hospital, es un gran hospital.
Hasta la próxima
* El artículo citado como del New York Times, es posible leerlo en forma íntegra
en la siguiente dirección electrónica
http://www.pocketrocketfx.com/html/article_nytcircuits_oproom.htm
* * Algunos datos de este artículo, fueron obtenidos gracias a la página web de
Miami Chldren’s Hospital, en la siguiente dirección:
http://www.mch.com
Miami, 14 de abril de 2004.
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