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Por
estos días la muerte de tres personas atacadas por
caimanes provoco conmoción y extendió una ola de pánico
sin precedentes por estas tierras al sur de la Florida.
Y es
posible que quien no conozca Miami y sus alrededores,
razone esa información como una irrealidad, como una
noticia fuera de su ámbito geográfico. Pues les diré algo,
están equivocados. Miami además de la bella postal de los
edificios emergiendo de una tierra que parece hundida en
un mar transparente, es un territorio de pantanos
disecados donde la incontrolable expansión urbanizadora ha
ido matando el hábitat de los verdaderos propietarios de
esta tierra: los caimanes. Y a medida que ese hábitat se
reduce más y más aumenta la población de humanos, resulta
inevitable que los choques entre unos y otros sean más
frecuentes. Con los resultados trágicos de estos últimos
tiempos.
La
residente de la localidad de Davie, Yovy Suárez Jiménez
murió tras ser atacada por un caimán. Días después de
haber sido encontrada, sus brazos cercenados fueron
descubiertos en el estómago del reptil. Una semana mas
tarde en el Condado Pinellas, el brazo derecho y la mano
de Judy W. Cooper se recuperaron del vientre de un caimán
días después que la infeliz mujer fuera encontrada sin
vida flotando en un canal. Annemarie Campbell, de Paris,
Tennessee, murió tras haber sido atacada por un caimán el
domingo mientras buceaba cerca del Lago George, en el
Parque Nacional de Ocala, en la zona central de la
península floridana.
Y
canales son lo que abundan en Miami y en las ciudades
vecinas. Algunos son profundos y la mayoría están
intercomunicados entre si ya que son el drenaje natural de
las aguas de los pantanos hacia el mar. Por esos canales
suelen, a veces, los caimanes suelen aventurarse fuera de
su área, al grado que es común ver a los bordes de los
canales muchos carteles de advertencia. Ha sido común
enterarse de la muerte de animales, como perros por
ejemplo, atacados por esos reptiles, pero humanos es algo
inusual. Ahora parece que las cosas han cambiado y la
gente entro en pánico, al grado que hubo un aumento
desmesurado de llamadas al al Programa Estatal de
Molestia por Caimanes, un programa destinado a dar
asistencia en este tipo de casos. Lo que si ha quedado en
claro, es que no hay medidas suficientes de prevención.
Hoy
la única herramienta contra los caimanes, son los
cazadores que en realidad son muy pocos para la extensión
del área a controlar. Las autoridades han salido a
contratar mas cazadores calificados, lo que de antemano se
sabe que será muy difícil. Ocurre que el trabajo es
peligroso y no se paga muy bien. El estado de la Florida
le paga a uno de los pocos cazadores 30 dólares por cada
caimán que captura, con un límite anual de casi $2,500.
Además de conocer la técnica para cazar a un cocodrilo
asustado, los buenos cazadores deben tener calma,
paciencia, ser diplomáticos, sensatos y responsables.
Poseer algunas habilidades en relaciones públicas también.
A veces, un cazador debe esperar hasta cinco horas para
que un caimán aflore a la superficie, Sin embargo la
parte más difícil del trabajo no es atrapar al reptil. Lo
difícil es lidiar con las exigencias del público. Cuando
un residente llama y dice que hay un caimán en su patio
trasero, quiere que enseguida vaya alguien a capturarlo,
no en un día ni en dos. Y eso es imposible, a veces
capturar un gran caimán, le puede insumir al cazador hasta
dos años de paciente persecución.
Por
lo pronto las autoridades aquí están instrumentando una
campaña de concientización de la gente y respetar las
leyes ambientalistas de esta región, bajo las cuales se
ampara el derecho de existencia de los caimanes y gracias
a la cual de los pocos miles que había hace unos años
cuando casi fueron exterminados totalmente, hoy se estima
que su numero es superior al millón de ejemplares, aunque
la situación actual es atípica, ya que desde 1948 se han
reportado apenas 20 ataques mortales, incluyendo los tres
últimos que ocurrieron en menos de una semana. Y vean
ustedes, durante el mismo período se han reportado en la
región nueve ataques mortales de tiburones. O sea, además
de bellas postales, Miami tiene otras cosas que no son tan
atractivas para los turistas. Por ello, seguirán colocando
carteles de advertencia junto al agua.
Hasta
la próxima. |