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La
muerte de Alfredo Núñez Silvera, nos ha tomado de
sorpresa y en cierta forma ha servido para
reflexionar, una vez más sobre la vida vivida, como un
largo camino que al recorrerlo se va nutriendo de muchas
cosas, en especial, los amigos, los colegas. El 'Negro'
Alfredo es parte de ese camino y seria una
irrespetuosidad, una irreverencia con ese recuerdo, no
mostrar mi pena y la tristeza que su partida me provoca.
Nuestra profesión es un enorme apostolado al que nos
entregamos en cuerpo y alma, aunque jamás nos detenemos
a pensar en eso. La grandeza del profesional radica en
su humildad y en eso Alfredo fue un maestro. Tal vez,
uno de esos ejemplos a seguir y agradezco a la vida
haberlo conocido en mis comienzos. Con él aprendí sobre
humildad, nobleza y entrega profesional.
Nunca trabajamos juntos, pero es como si lo hubiéramos
hecho. Cuando sentíamos que las botas de la dictadura se
iban alejando, tuve mis primeros cruces informativos,
teléfono mediante. Yo arrancaba este barco, del que
nunca más bajé, en la vieja radio Olimar de Treinta y
Tres. Demás está decir que nuestra fuente informativa
rochense era el 'Negro' Alfredo en Rocha o el querido
Víctor Velásquez en Lascano, sin contar 'algún que otro'
corresponsal ocasional.
El camino que les mencioné me volvió rochense y el
contacto se hizo diario. Nunca les agradecí que el
noticiero de la Difusora Rochense comenzara
a las 11.30. El nuestro, en Radio Chuy, empezaba a las
12 y nos ahorrábamos la llamada por aquellos horribles
teléfonos a manija que, a principios de los 80', todavía
servían a la frontera chuiense.
Con Alfredo compartimos cientos de coberturas,
intercambiamos reportajes, nos contamos los
'chismes', participamos de asados adobados con tierra de
las chacras y almorzamos con cualquier autoridad de
visita por el pago rochense. Fuimos testigos del
reencuentro democrático. Entrevistamos a Sanguinetti
antes y después, estuvimos en la primera colectiva de
Adauto en el 84 y hasta estábamos juntos el día que en
Chuy inauguraron la nueva central telefónica. Era el
adiós a los horribles teléfonos de manija. Olvidé decir
que además del 'Negro' Alfredo, estaba su corbata y su
cigarro. Así fue siempre, ya lo saben.
En los 90 le dije adiós a la radio. Erróneamente pensaba
que era un dinosaurio, un espécimen en vías de
extinción, que se iría apagando y dejando espacio a las
nuevas formas de comunicación. Alfredo se mantuvo fiel
a la radio, su gran amor. Llegó luego la televisión a mi
vida y también allí nos encontramos con el 'Negro'
Alfredo y su inefable cigarrillo. Tampoco escapó la
prensa escrita, hasta que dejé mi Rocha querida, emigre
a USA y lo perdí de vista sin olvidarlo. Por otro
querido amigo, Gerardo Martínez, acompañaba de lejos el
día a día capitalino y Alfredo fue parte ineludible en
ese día a día. El 'Negro' ha sido, por derecho y
merecimiento, una referencia establecida en el corazón y
afecto de los rochenses de varias generaciones. La vida
nos reencontró en las páginas de El Este y por Gerardo
supe del deterioro de su salud.
Antes de eso, el camino de la vida,
que les nombré al principio, me dio una de esas
lecciones que nos vuelven aún más humildes y
agradecidos. Volví a sentarme frente al micrófono de una
emisora de radio. Quince años después y a miles de
kilometros de distancia. Juro que en ese momento fue el
'Negro' Alfredo el primero de mis colegas en quien
pensé."Los dos iguales de dinosaurios", aunque yo
entendiendo por fin la razón del amor que mi colega
sintió toda su vida por el medio radiofónico. Tal vez me
hubiera gustado decírselo, comentárselo en un cruce de
informes como hace veinticinco años. Me queda ese debe
"pa' cuando nos
encontremos". También me
queda la pena enorme por la pérdida, pero por el lado de
los afectos me guardo la satisfacción de haberlo
conocido, compartiendo con él un enorme espacio de vida
profesional.
Se fue el Negro Alfredo y si el cigarro, uno de sus
amores, fue culpable de su muerte, la radio, su gran
amor, lo mantendrá vivo en nuestro recuerdo
Las referencias son luces inextinguibles en el
firmamento de nuestras existencias. Y es indudable que
su vida es una referencia. Rocha tiene, entre otras
cosas, una escuela periodística única, pero también
tiene una comunidad de periodistas que se identifica
entre si, se respeta, se admira, con cariño y
cooperación. En ese mundo es cierto que lloraremos la
falta de Alfredo Núñez Silvera, que nadie lo dude. Pero
también es cierto que hoy el 'Negro' forma parte de las
voces que sobrevivirán al tiempo y se mantendrán unidas
por siempre al más querido de nuestros recuerdos.
Que haya paz en su tumba y escuchen
la voz del cielo, a las 11.30 habrá un noticiero, para
Rocha y el país, sonando en la eternidad. Así será por
siempre.
Miami, marzo de 2007
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