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La desolada
vereda de Ocean Drive, punto neurálgico del South Beach de Miami o el área más
conocida seguramente para los uruguayos, es hoy solamente una muestra de la
situación que padece Miami como directa consecuencia de los atentados
terroristas del martes 11 de septiembre.
Los
despidos en las empresas relacionadas al turismo se acumulan y la región entró
en un período de recesión cuyo final es tan incierto como la visión que de su
futuro aquí tienen decenas de miles de personas procedentes de toda América.
Es que es
allí, en el turismo, en donde más empleados de origen sudamericano existen,
básicamente porque es donde menos exigencias de documentos plantea a los
emigrantes de toda índole.
No tenemos
cifras pero sabemos que los uruguayos son muchos en ese tipo de empleos
(restaurantes, hoteles, etc.).
En horas
en que la posibilidad de una guerra de imprevistas consecuencias cobra vigor en
el oriente, la incertidumbre y el temor se arraiga y es posible esperar en días
venideros un creciente retorno de compatriotas a la seguridad (y el desempleo)
de nuestro país.
Ese es el
panorama en el turismo, en el resto Estados Unidos (Miami incluido) cruza por un
período de nacionalismo como nadie recuerda en las últimas décadas. La cobertura
de las grandes cadenas de le televisión o los grandes diarios, está apuntada a
lo largo del día a mostrar precisamente ese perfil y no otro.
Las
muestras de reconocimiento a la labor de los rescatistas luego de los atentados
y los homenajes a las víctimas se suceden, mientras se acumulan encuestas que
invariablemente aprueban la tarea del Gobierno, aún, la guerra declarada. De
hecho el idioma que aquí resuena es de tono bélico y ya a nadie sorprende.
La salida
de los enormes contingentes de soldados hacia occidente y la situación allí
junto a lo que aquí se desarrolla en forma interna ocupan toda la atención.
Y si bien
a título personal sigo muy de cerca (mediante Internet) lo que ocurre en nuestro
país, Brasil y las inquietantes noticias sobre los operativos en la llamada
triple frontera, aquí son temas que pasan desapercibidos o tienen muy pocas
líneas en informaciones genéricas que manejan los medios de comunicación
norteamericanos.
Las
preocupaciones, evidentemente, son otras. Los estadounidenses quieren devolver
el golpe recibido, pero tienen miedo a la recesión y a las consecuencias. Los
emigrantes tienen temor a la nueva política de seguridad y su incidencia en los
mismos. Los empleados de cualquier tipo de empresa, viven cada día, como si
fuera el último en su trabajo.
El hombre
común habla y discute sobre el tema a toda hora, pero es palpable la
desinformación. El terrorismo era algo que se veía muy lejos, como lejos queda
Afganistan y no es por nada que en los pocos lugares en donde era posible
conseguirlo, se agotaron los mapas de ese país.
El otro
mal que este país afronta en la actualidad, es la creciente xenofobia contra las
comunidades árabes que se ha comprobado en muchos lugares del país, algo que en
cualquier momento puede desencadenar situaciones de estallidos sociales
incontrolables si la psicosis que provocaron los atentados no deja de incidir
como lo está haciendo en la vida de los que habitan en este país.
De todas
formas, la vida de todos aquí ha cambiado, o mejor dicho está cambiando y a lo
único que nos estamos preparando es a aceptar esos cambios, pidiendo a Dios que
no haya guerra ni muertes de seres humanos inocentes, como siempre ocurre.
Miami, 23 de setiembre de 2001.
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