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La distancia al emigrante
le provoca encontrarse. Quienes compartimos esta profesión, usualmente nos
buscamos en la inmensidad de Internet y compartimos vivencias, experiencias,
aventuras y en estos últimos tiempos, el dolor que provoca nuestro mundo del
sur. Es que sigue siendo nuestro mundo, pese a los kilómetros de distancia.
Y ese intercambio de vivencias va plagado de preguntas sobre lo que vendrá, o
lo que dejará este huracán financiero que esta pasando por encima de nuestras
familias, de nuestros amigos, de nuestros vecinos de siempre. Pobreza, amargura,
decepción, tristeza, dolor y desesperanza. Eso es mucho. Es terminar de matar
los sueños.
Hoy leo las noticias y se habla de paliar crisis, sin aportar ideas para
construir soluciones definitivas. A lo lejos, no veo liderazgos y en el
ejercicio de las democracias, las naciones necesitan líderes conscientes del
momento y sabedores del rumbo a tomar.
Y todo pasa, por la necesidad de asumir la necesidad de tener imaginación,
creatividad y conseguir reciclar las mentalidades para volver a tener un país
viable. Nuestra geografía nos da las herramientas para serlo.
En estos días, una vieja y apreciada ex colega de mis años en La Republica, me
escribió desde una zona de España donde ha fijado residencia. Se casó con un
español, se alejó de la pluma, pero Internet la mantiene cerca de sus hijos, sus
nietos y sus amigos.
Les transcribo una parte de uno de sus correos:
"Bernardo, aquí sí que se sufre calor, Almería es un hermoso y desértico
coletazo de África. Pero este desierto es también la huerta de Europa, es
increíble lo que sacan de arena y una gota de agua y eso, comparado con nuestros
campos de tierra negra y regados por una red de agua te hace pensar en como
deberá cambiar la mentalidad de la gente de Uruguay para salir adelante.
Los invernaderos han
"creado" una ciudad floreciente y de gente muy pudiente: Los Ejidos, a un paso
de Almería capital. La emigración, es una necesidad aquí para recoger cosechas,
cultivar, etc."
No digo nada nuevo. Todos hemos crecido mirando algunas vacas pastar en la
inmensidad de nuestros enormes campos improductivos. Kilómetros y kilómetros de
tejido, para mantener la gente alejada del inútil espacio verde. Son
generaciones que así han nacido y crecido. Sin ser incentivados, sin ser
educados para vivir y progresar de esa tierra. Y hay culpables de ellos. Nuestra
clase política, nuestros dirigentes. Aquellos que, ocuparon y ocupan cargos casi
por dinastía, que integran la clase de los dueños de esos campos. Muchos de los
que solamente han criado vacas. Ellos han viajado y así como lo ve Graciela en
Almería, ellos lo han visto allí y en otras partes del mundo.
Son los mismos que dejaron caer la industria pesquera, la del zapato y
asistieron al entierro de las enormes textiles de Montevideo, sin hacer nada
para evitarlo.
Hubo egoísmo, pero nadie se arrepiente. Nadie dice, perdón, ¿como podemos
remediarlo?
Nadie dice que es la gente la que importa ¿Para qué? Seguramente seguirán
instalando peajes en rutas nacionales y vecinales. De eso se trata. Es lo único
que han sabido construir y es de esperar, que sigan construyendo.
Mientras tanto, nuestros
campos siguen esperando.
Hasta la próxima.
Miami, 09 de setiembre de 2002. |